Guerra y Paz

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Moeh Atitar de la Fuente

Periodista, fotógrafo y blogger. Más sobre el autor.

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Archive for the ‘Oriente Próximo’ Categora

World Press Photo o la polémica que no debió de existir

Wednesday, May 15th, 2013

Alimento. Más que de fotografía deberíamos de hablar primero de periodismo. Últimamente, cuando nos juntamos más de dos periodistas, hablamos de lo mal que está la cosa; hace unos años hablábamos del modelo de negocio que teníamos que seguir para evitar llegar a donde hemos llegado, sin ser conscientes de que esas decisiones, en el fondo, no las tomamos nosotros y no tenemos ni idea de negocio. Lo nuestro debería ser contar historias y discutir de cómo las hemos contado. Vayamos a lo segundo.

Ayer nos despertábamos con un post publicado el lunes (tardamos en llegar a él) en el que se aseguraba que la foto ganadora del World Press Photo, Entierro en Gazaera en realidad una composición de varias imágenes, y por lo tanto, una manipulación inaceptable de la realidad. El blogger aseguraba que Hansen no había proporcionado el archivo raw, esencial para hacer un análisis digno de llamarse así. Y sin embargo él mismo, sin archivo raw (el archivo crudo, bruto, de la fotografía), se lanzaba a hacer un análisis forense (la foto está más muerta que nunca, aquí una constatación) para dictaminar que Hansen había manipulado todo y que la foto premiada procedía de haber mezclado varias imágenes. El premio debería de ser retirado y Hansen condenado al ostracismo fotográfico por mentiroso.

Unos días antes el otrora prestigioso Spiegel escribía un artículo diciendo que Hansen no había proporcionado el archivo raw. No había ninguna coletilla de ‘según ha confirmado la propia organización’ y lo daban por sentado. Además añadían:

Pro-Israeli bloggers and journalists, in particular, had accused him of manipulation and embellishment. Other photographers have also been critical of the photo’s selection for the World Press Award. Some fear that the boundaries are becoming blurred between journalistic photography, on the one hand, and artistic and commercial image design, on the other. Industry publications like Freelens Magazin have also voiced criticism of the trend.

Sospecho que si la foto ganadora hubiera retratado una procesión de la Semana Santa Sevillana, esta polémica solo hubiera sido alimentada por los ‘expertos en fotografía’, y no hubiera sido ni de lejos tan amplia. Se reduce, entonces, no solo a la técnica, no solo a la postproducción, sino al tema que se retrata: el dolor palestino no puede ser premiado, no puede ser reconocido. Así que lancemos, con el perdón, más mierda sobre la foto. Porque todos sabemos que los palestinos son unos actores excelentes, que cuando entierran a unos niños porque una bomba israelí lo has asesinado, son lágrimas de photoshop (aviso, es ironía, que últimamente la gente no la capta muy bien).

Así que con todo esto, un supuesto análisis y la acusación (sin confirmación de la propia organización) de que Hansen no había entregado el raw, los medios se lanzaron a hacerse eco del escándalo, de la mentira y de la manipulación.  Ningún medio citaba a un experto serio en la materia, que hubiera ponderado ese supuesto análisis. Acudieron, como mucho, a fotógrafos o editores que dieron su opinión ‘estética’ sobre la foto. Algunos, osados, daban por verdadero ese análisis. Es difícil que un fotógrafo sepa hacer un análisis sobre la manipulación del raw. Necesita una formación específica, que roza casi con la informática, para poder hacer un análisis conveniente. Y no era el caso. Un experto hubiera dicho que sin raw, no hay análisis y que lo hecho por el blogger era más bien conjeturas sin fundamento.

La fundación World Press Photo quiso zanjar el tema, y emitió a las 14h44 un comunicado sobre el caso diciendo que pese a que  ”no tenían dudas sobre las explicaciones” de Hansen, habían decidido, con la cooperación del fotógrafo, someter a la fotografía a otro análisis más detallado realizado por dos expertos. A las 19h33 el dictamen era concluyente: la manipulación no existía.

Y esto solo fue el alimento de muchos medios durante todo el día de ayer. Muchas visitas. Nadie espera. Nadie pondera que detrás de esa acusación no hay sustento alguno, no hay periodismo, no hay fuentes. ¿Llamar a un experto? ¡No! No vaya a ser que nos estropee la polémica y las visitas del día. No hacemos periodismo, porque nuestro alimento, en forma de visitas, es llevar exactamente lo que lleva el otro. Los ingleses lo llaman ‘me too’. Y claro, una vez resuelto que no había polémica, no vamos a desmontar todo el tinglado que llevábamos todo el día montando. Dejemos que la duda fluya.

Estética no es ética. Esta fotografía ha sido objeto de una absurda polémica desde el primer momento. Se le acusaba a Hansen de haber hecho mucho photoshop  y de que esa foto no existía, no tenía validez, porque no era como la había tomado su cámara y que era fruto de la postproducción. Recréense en la palabra: postproducción.

Todo se reduce a que en el mundo de la fotografía actual (y adyacente) convivimos gente que nuestro cuarto oscuro es el photoshop, mientras otros no han salido físicamente del cuarto oscuro, donde siguen intentando descifrar cuál es el fijador y cuál es revelador. No controlan las herramientas actuales, y siguen creyendo que las fotos que se positivaban en el laboratorio son pura verdad. Y no se enteran de que en el laboratorio se hace exactamente lo mismo que en photoshop, con la salvedad de que no hay líquidos de por medio.

La discusión aceptable puede moverse en el campo de la estética. Discutamos si la imagen funciona o no, si está contrastada, si hay demasiado detalle en las sombras…En definitiva, si nos gusta o no. Y quedaría reducido a una discusión muy parecida a si un trabajo tiene más gancho en blanco y negro o en color.

Pero es absurdo decir que esa foto no es verdad. Hablemos mejor de honestidad. El fotógrafo retrata una parte de lo que es testigo, con un aparatito que ya distorsiona por si solo todo eso: desde la lente que utiliza, el ISO al que tira, diafragma, velocidad… Manipula con su cámara lo que tiene delante para tener ese trozo. El resultado es honesto o no si ha querido poner más invención de la necesaria.

Insisten los detractores del ‘retoque’ que esa imagen no debería de procesarse más allá de lo aceptable.  Parecen no entender que la misma cámara tiene distorsiones de color, de luz, etc… Que esas distorsiones tienen que ser corregidas, mejoradas y arregladas, porque la fotografía, al igual que un texto periodístico, es lo más subjetivo que hay. Entendemos la diferencia que hay entre un teletipo y una crónica de autor, pero parece mentira, en la fotografía, no sabemos distinguir nada. Aceptamos que un periodista, jugando a literato, plague su crónica de adjetivos. Pero pobre del fotógrafo que saque detalles de las sombras…

Les dejo, finalmente, con una foto honesta, retocada como le dio la gana al autor, y que ha ganado el World Press Photo 2013:

Gaza burial. World Press Photo of the Year, Spot News, 1st prize singles, Paul Hansen

Gaza burial. World Press Photo of the Year, Spot News, 1st prize singles, Paul Hansen

PS: Recomiendo la lectura de este post: “Cuando la cámara señala los niños muertos, los necios miramos el RAW

PS2: Para que vean que detrás de la imagen no hay actores, aquí un post escrito por Miguel Ángel Medina que visitó a la familia.

La invasión de Irak, otra mala guerra para el periodismo

Tuesday, March 19th, 2013

Podíamos dedicarle largos post sobre lo que la guerra aporta a la humanidad; no sería desde luego un alarde de sus beneficios; nos podríamos preguntar si merece la pena el cafe soluble, las maquinillas de afeitar desechables, los tampones, el gintonic, los aerosoles….pero sería francamente futil. La guerra ha aportado muerte y destrucción, pero quizá por eso, porque el hombre se encuentra en situaciones extremas, se le agudiza el ingenio.

Sucede que la comunicación también avanza a golpe de guerras. Los principios de comunicación son los mismos; las formas no. La propaganda se adapta, el periodismo evoluciona y las circunstancias cambian.

Philip Knightley es el autor que se hace fundamental para ver la evolución del trabajo de corresponsales de guerra y de los esfuerzos de los gobiernos (EE UU y Reino Unido, principalmente) implicados para colarnos sus mentiras y su visión única de la guerra. Su libro The first casualty, es una referencia de la evolución del periodismo en tiempos de guerra, Desde Crimea hasta la guerra de Irak. Hoy he releído el último capítulo, dedicado a cómo vendieron la guerra y cómo se desarrolló ese escaso mes de campaña militar para llegar hasta Bagdad.

El arquitecto de la estrategia mediática fue Bryan Whitman, asistente del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld. Knightley la resume en cuatro puntos: 1.- Enfatizar los peligros que supone el régimen de Sadam Hussein; 2.- Desmentir y desacreditar a todo aquel que dude de esos peligrosos; 3.- no apelar a la lógica, y tirar más de sensiblería; 4.- Y siempre con un mensaje al público: “Creednos. Sabemos más de lo que les podemos contar”.  Apliquen estos cuatro puntos a la intervención del entonces secretario de Estado Collin Powell en las Naciones Unidas, cuando nos mostró un tubito donde podía contener un veneno tan letal que podía aniquilar a toda la humanidad si se destapaba y que el Irak de Sadam fabricaba a toneladas.

La administración Bush aplicó a raja tabla esta estrategia diseñada y ejecutada por Whitman, que también hizo las veces de portavoz; se mantuvo largo tiempo en el cargo, y fue le que salió a defender los interrogatorios — torturas– y a quitarle hierro al tratamiento inhumano de Abu Graib. ¿Y que fue del gris Whitman? Pues Obama le mantuvo en el puesto hasta mayo de 2010, para luego ascenderle al máximo responsable en el Pentágono en comunicación de masas y propaganda.

El periodismo, especialmente en EE UU, se creyó a pies juntillas todo lo dicho por la administración Bush; no hubo prácticamente fisuras, y desde luego los grandes medios cuando menos se tragaron la versión construida alrededor de mentiras. 

Si los medios se plegaron a divulgar el casus belli,  el inicio de la invasión solo hizo que los periodistas fueron convidados de piedra. El Pentágono tuvo claro que los medios, especialmente las teles, necesitaban imágenes y algo de acción para cubrir ciclos de programación de 24 horas. Para ello decidió rescatar una figura: el periodista empotrado. Durante la I Guerra Mundial, el Reino Unido introdujo en algunas de sus unidades a periodistas, a los que dio el grado de capitán. Debían, por tanto, obedecer  órdenes y contar solo la visión que convenía para la propaganda británica. “No ha habido un periodo más de indigno para la historia del periodismo que los cuatro años de la Gran Guerra”, escribía el historiador Artur Ponsonby en 1928, y que recoge Knightley.

Salvo darles el grado de capitán y armas, el Pentágono copió este esquema. Los periodistas solo podían acudir al campo de batalla si iban empotrados en una unidad. Se les daba un entrenamiento previo en EE UU y convivían con la unidad antes de la invasión. Se creaba un sentimiento de camadería,  y no era raro escuchar y leer en las crónicas lacónicos “avanzamos hacia el norte”, en un plural que implicaba que la estrategia del Pentágono estaba funcionando.  Todo lo que se contaba pasaba por el filtro del jefe de la unidad, que tenía poder de censurar previo consentimiento del Comando Central. No se andaban con medias tintas: el periodista de la Fox, Gerardo Rivera, ferviente partidario de la guerra, fue expulsado del frente por pintar un mapa en el suelo y describir el avance de su unidad. Generation Kill fue una serie que recogió las vivencias de un periodista de Rolling Stones empotrado con una unidad

Pero el Pentágono tenía al menos un problema. Podía controlar a los periodistas empotrados, pero no tenía control alguno sobre los periodistas que estaban en Bagdad cubriendo la guerra desde el lado iraquí. Especial nerviosismo le causaba la cadena qatarí Al Jazeera, que proporcionaba imágenes a todo el mundo del lado iraquí. No dudo por ello, como hiciera durante la campaña contra los talibanes en Afganistán, en bombardear las oficinas de la cadena en Bagdad. En esa misma línea debe de encuadrarse el ataque contra el hotel Palestina, donde residían los periodistas, y en el que murieron José Couso y Taras Protsyuk, o el bombardeo contra el convoy de la tv británica ITN , que se saldó con la muerte de tres periodistas. Un dato: de los quince periodistas muertos durante el mes de invasión, la mayoría murió por fuego de EE UU.

Neda no era Neda

Friday, November 16th, 2012

Los medios viven inmersos en la obsesión de que toda noticia o persona que la protagoniza tiene que tener una foto o una imagen. Esa obsesión se ha visto alimentada con todo este universo digital. Antes eran los periodistas del medio o las agencias las que proporcionaban esas imagenes. Si había un muerto de por medio, acudían a la familias o amigos para que les proporcionara una foto del difunto. Un veterano de noticias de sucesos me confesó un día que en su vida había robado muchas fotos de las casas de difuntos noticiosos.

Ahora también robamos, pero sin entrar en las casas. Si pasa algo, los editores gráficos corremos al oráculo  y le preguntamos por la imagen. Muchos no dudan en asaltar Facebook o cualquier otra red social y robar (sí, es un robo) la imagen. Ya puestos, casi no se contrasta si esa persona que han descubierto es o no la protagonista de la noticia. Tenemos la imagen, ¿cómo nos vamos a llevar el chafón de que esa no es la persona que realmente buscamos?

Algo así debió pasar en el caso de Neda; murió apaleada durante una protesta de aquella revolución verde iraní, aquella que nos empeñamos en decir que era una revolución digital a golpe de Twitter. El vídeo de su muerte, subido por un videoaficionado a la red, recorrió el mundo entero. Las imagenes valieron una mención especial en los World Press Photo de ese año.

Teníamos la cara de ella destrozada por los golpes. Pero nos faltaba su imagen sonriente. Algún iluminado se metió en Facebook y se topó con una tipa con pañuelo, que se llamaba [casi] igual y vivía en Irán. ‘Es ella’, se dijo satisfecho. Es posible que la subiera, a su vez, a Twitter, y entonces mucha gente dijera al unísono: ‘Es ella’. Editores de medios de comunicación con cierta credibilidad llegaron a la misma conclusión, porque ahora lo que dice Twitter  es verdad, y para qué contrastar . Y esa imagen pasó a ser el retrato de ella, que no era ella.

Neda Soltani (izquierda) and Neda Agha-Soltan (derecha)

Ella, la del retrato, no estaba muerta. Se llama Neda Agha-Soltan. Pero ese fallo encadenado, esa mentira multiplicada hasta convertirse en verdad, la puso en un brete: el régimen iraní la acusó de simular su muerte y ella, ajena a todo esto, tuvo que dejar su país.

Todo un drama humano causado gracias a la obsesión de tener una imagen de toda cosa que pasa.

Tres años más tarde cuenta su historia a la BBC. | vía PetaPixel

Irak, se van los militares, volverán los mercenarios

Thursday, December 15th, 2011

EE UU se retira hoy de Irak ocho años después sin haber alcanzado una clara victoria. Es posible que hayamos asistido a la última gran invasión por parte de un ejército regular en mucho tiempo.

La guerra de Irak ha dejado patente que la victoria en las guerras es fácil de declarar, pero difícil de demostrar. Es paradójico que 8 años después, Obama, que se opuso a esta guerra, acudiera ayer al mismo argumento que Bush: los iraquíes están ahora mejor que en tiempos del execrable dictador Sadam Hussein. Solo un dato: en el año 2000 la esperanza de vida era de 70,74 años; en 2009, de 68,09, según datos del Banco Mundial. Irak sin Sadam es desde luego un mejor Irak, pero no es una disyuntiva ante los ocho años de invasión.

También Obama le copió a Bush en el discurso de ayer otra laguna: Hizo referencia a los soldados heridos — más de 30.000 — y sobre todo a los cerca de 4.500 muertos que ha dejado esta guerra entre sus filas, y ninguna referencia a los más de 100.000 muertos iraquíes.

La invasión de Irak y posterior ocupación ha sido un buen paradigma de las nuevas guerras (acudir siempre en estos casos al libro de referencia de Herfried Münlker): un ejército regular es incapaz de cubrir todos los frentes de una guerra y acude a la contratación de empresas privadas, para dar abastecimiento a sus tropas y sobre todo hacer funciones de seguridad. El ejemplo más mediatico ha sido Blackwater, pero fueron muchas las protagonistas de esta privatización de la guerra, de este negocio ya intrínseco de los nuevos conflictos, cuya presencia se incrementó aún más bajo la administración del premio Nobel de la Paz Barak Obama.

EE UU retira hoy a sus soldados de Irak, pero en enero siguiente habrá una fuerza similar a una brigada (entre 3.000 y 5.000 efectivos) compuesta por empleados de empresas privadas para proveer de seguridad a todo el cuerpo diplomático estadounidense acreditado en Bagdad.

Los protagonistas, ocho años después, siguen siendo los mismos. Blackwater, tras cambiarse el nombre por Xe Service (todo por el tiroteo de la plaza Nisour) y ahora pasar a llamarse Academi, pretende volver a Irak, para dar entrenamiento a las fuerzas de seguridad iraquí, y quizá de nuevo arrancar algún tipo de contrato de seguridad, pese a que el Gobierno iraquí vetó a todos estos mercenarios de su territorio. Sin las fuerzas de EE UU, veremos cuanto tiempo tarda Irak en echar mano de estas compañías — ¿quizá con empleados iraquíes? — para dar seguridad.

La guerra, nunca ha dejado de ser un gran negocio.

Nos harán honestos

Thursday, November 24th, 2011

No sé si el periodismo es mejor hoy que el se hacía hace dos décadas. Me da igual. Hace un tiempo que llegué a la conclusión de que perdíamos mucho el tiempo los ‘juntaletras’ en mirarnos al ombligo y lamentarnos de lo mal que nos va todo.

Sin embargo yo en todo este frenesí de las redes sociales, de que todo el mundo comunique y pueda comunicar le veo una ventaja (y muchísimas desvantajas, claro): estamos sometidos al escrutiño público, desde la leBe o graBe errata, a las preguntas incisorias sobre nuestro trabajo, hasta llegar a reclamarnos lo más importante, el fundamento de nuestra profesión: la honestidad.

No creo en la objetividad. Me parece una pamplina de manual barato de periodismo. Soy subjetivo, pero honesto. Si el cielo está azul, no le puedo contar al mundo que está amarillo. Si le voy a dar una opinión al respetable, se la argumentaré, pero le recordaré que es una opinión, como la mayoría de las cosas que escribo por aquí.

En segundo término, el traductor de Saleh y periodista de Reuters

En segundo término, el traductor de Saleh y peridista de Reuters.

Dentro de la honestidad muchas veces se olvidan las formas. Es lo que parece haber olvidado la agencia Reuters, para mi una de las mejores. Durante un tiempo empleó a Mohamed Sudam, un tipo que era el traductor personal de Saleh. En un comunicado aclaraba que nunca trabajó a la vez para la agencia y para el dictador, y que en todo caso era un ‘stringer’ (una especie de pluriempleado local que hace desde labores de traducción a escribir informaciones sin llegar a ser un corresponsal) . Sin embargo eso parece contradecir los hechos, porque Sudam escribió algunas notas sobre las revueltas y la represión.

El comunicado de Reuters no hubiera sido posible si no hubiese habido una previa reacción contra la agencia en las redes sociales (véase #shameonreuters en Twitter). El público, interesado, en forma de masa, de individuos, de locos twitteros, de gente inteligente…de lo que cada uno se imagine… tienen hoy como nunca herramientas para exigir y sobre todo para afearnos conductas como estas.

No tan al margen: De las primaveras árabes (yo no creo que haya una primavera, sino en cada país la suya propia) dos lo tenían más dificil: Siria, por la crueldad y criminalidad del régimen, y Yemén, porque Saleh se ha vendido durante mucho tiempo como un garante de la estabilidad frente al terrorismo internacional, cuando su bestialidad era más causa que remedio. Lo han tenido los yemenís más dificil porque se les ha silenciado más, con la tutela del vecino del norte, una Arabia Saudi que ni se abre ni se abrirá a nada. Hoy han hecho la escinificación de su dimisión, supervisada por el rey Abdelá en Riyad. No sé si tanta mentira conducirá a algo mejor.

Aires de guerra en Oriente Próximo

Friday, November 4th, 2011

El periódico israelí Haaretz publica hoy una encuesta sobre el plausible bombardeo de Israel a las instalaciones nucleares iraníes, un plan que querrían llevar a cabo el primer minstro Netanyahu y el ministro de Defensa Ehud Barak, pero que no contaría con el apoyo de la jefatura del Ejército ni de los servicios secretos hebreos (¿están detrás del filtrado de la noticia sobre la inminencia del ataque?). El 80% de los consultados por el diario considera que esta acción militar derivaría en una guerra en la región.

La primera respuesta a este ataque (unilateral o con en el apoyo de EE UU y Reino Unido) vendría del propio Irán. Una respuesta convencional, sería dificil de imaginar y de llevar a cabo por parte de Teherán, porque se le presupone a Israel un superioridad defensiva que la hace prácticamente invulnerable. Más probable es que Irán usase sus ramificaciones en la región, a saber, Hezbollah (Libano), Hamás (Gaza) y un debilitado Al Assad en Siria.

Así se infiere que la respuesta de Irán sería, paradójicamente, mucho más barata que cualquier ojiva nuclear, en forma de atentados terroristas, en cualquier sitio, en cualquier momento, contra intereses de Israel, EE UU y resto de países implicados.

A partir de allí la encuesta de Haaretz ya no es tan unánime. El 52% se fía del dueto Netanyahu y Barak; el 41% apoya un eventual ataque, con un 39% en contra y un 20% que se muestran indecisos. No parece que cuente, por tanto, con una apoyo unánime una acción que si que se proyecta como desastrosa para ese 80%.

Los otros afectados, claro está, sería la sociedad iraní. Ahmadineyad puede sacar hasta partido de un bombardeo contra su país, ya que podría congregar entorno a él a gran parte de la sociedad con el argumento del enemigo externo. Paradojas, pero el bombardeo a esas instalaciones nucleares sería un balón de oxígeno interior para el presidente iraní.

Nos toca lidiar, de nuevo, con este virus post imperial, como lo define el columnista de The Guardian Simon Jenkins.

No tan al margen

– Pasmoso es el silencio del The New York Times sobre el asunto, con tan solo una pieza sobre el ensayo militar llevado a cabo por Israel.

– Hacía mucho tiempo que no oíamos al clérigo chíi iraquí Moqtada al-Sad. Hoy, en una entrevista en Al Arabiya, rechaza la presencia de cualquier presencia militar o civil estadounidense en su país tras el anunciado retiro para diciembre de los 33.000 soldados desplegados en Irak. “Cualquier presencia la consideraríamos una invasión”, dice. Por aceptar, no acepta ni una embajada o consulado.

El nuevo negocio de Erik Prince

Sunday, May 15th, 2011

El fundador de Blackwater no descansa. Tras cambiar su compañía de nombre (de Blackwater pasó a llamarse Xe Service) y dejar la dirección de la empresa que consiguió contratos multimillonarios para proveer de seguridad privada a EE UU en Irak y Afganistán con soldados de fortuna, Prince se retiró a Abu Dabi donde iba a escribir sus memorias.

Pero no solo de literatura y recuerdo del pasado vive Prince. Según una investigación del periódico New York Times, Erik Prince ha creado una empresa en los Emiratos Árabes Unidos cuya principal función es crear un compañía militar de elite formada enteramente por soldados extranjeros, en concreto y hasta ahora colombianos, para poder se usados por el país del Golfo, que cuenta con un Ejército reducido y inexperto, amenazado por la fuerza de Irán (de hecho mantienen un litigio sobre unas islas).

Al ser una empresa radicada en los emiratos no estaría violando la ley estadounidense, pero si lo podría estar haciendo al tener a estadounidenses formando a un ejército extranjero sin el debido permiso de Washington.

El presupuesto inicial de la compañía (conocida como R2) ha sido de 20 millones de dólares. Cada soldado cobra unos 150 dólares diarios.

Más detalles del nuevo negocio de Erik Prince en The New York Times

Cómo informarse de un sitio cuando no te dejan informar

Monday, April 25th, 2011

El primer paso para informar es informarse. Parece obvio, pero en muchas ocasiones es el paso más importante. El sentido común es quizá el mejor aliado, porque no exige mucho a cambio y sin embargo nos olvidamos de él en muchas ocasiones. Si lo has visto tu, si has lo has presenciado, solo tienes que contarlo. Cuando no, tienes que buscar a alguien que te lo cuente, y que se alguien tenga solvencia. En los coles de periodismo se repite hasta la saciedad que lo mejor es tener tres fuentes separadas entre si para confirmarte un hecho que no has presenciado (lo más puritanos lo exigen incluso cuando tu lo has presenciado, por si te da una alucinación). Se nota que los teóricos no han estado estos días en Siria.

Siria es un país informativamente cerrado para los periodistas, pero hay información para los periodistas. La nutre gente corriente con sus cámaras, sus móviles, con sus twitter, etc. No creo que estén haciendo periodismo, pero están informando (si están haciendo periodismo o no, en el fondo me da igual) ; una información interesada; una información parcial; pero la única información disponible y sin la posibilidad de buscar tres fuentes distintas que te la verifiquen. ¿Qué hacer? Los teóricos sesudos dirían que esa información no es válida, por mucho que la veamos por el Youtube y nos parezca verosímil. Saltan las dudas: ¿cuándo se hizo el vídeo?¿dónde se tomó? ¿quién lo grabó?

Si uno se deja llevar solo por los teóricos termina convertiéndose en un escéptico que duda de todo.

Por suerte alguien se le ocurrió la solución del parche, por si le colaban un engaño. La fórmula viene a ser algo parecido a: “Les ofrecemos el vídeo de la matanza de xxx; es una filmación recogida de youtube; este medio no ha podido confirmar la verosimilitud de su contenido”.

Todo esto tiene que ir acompañado de algo que tiene que estar en el adn de todo periodista, en al menos un par de genes. Se llama honestidad, que no objetividad. La honestidad viene a ser algo así como que lo que tu quieras contar sea lo que realmente crees que es real, sin ningún añadido ni ningún condimento que te beneficie o que realmente no sepas.

Me dejo para el final la utilidad de difundir este tipo de contenidos (vídeos e imágenes) no estrictamente verificables ni verificados. Hace unos años, ante hechos similares, habríamos hablado de ‘testigos presenciales dicen que’. Hoy esos testigos presenciales llevan una cámara y ya no lo tienen que contar al periodista sino colgarlo en Youtube, twittearlo o compartirlo en Facebook. El periodista ha perdido en muchos casos la mediación entre los hechos y los testigos. Su labor está ahora en escudriñar los contenidos producidos por otros.

Yo soy partidario de difundir vídeos e imágenes en estas condiciones. Exige, como siempre, tener el sentido común encima de la mesa y poner esos parches, dejando claro a tu público que no has podido verificar el contenido no porque seas un vago sino porque te enfrentas a una dictadura que te lo impide. Es la única manera de imponer un discurso ante un régimen dictatorial que reprime de manera feroz. Los téoricos te acusan, peorativamente, de haber dejado el periodismo de lado y de haberte convertido en un activista.

Túnez, Egipto..

Friday, February 11th, 2011

Primero fue Ben Ali; luego Mubarak… ¿Habrá siguiente? Veremos…

La caída de Ben Alí fue fundamental para que la oposición saliera a la calle en Egipto. Los egipcios y los tunecinos, como casi todos los vecinos, siempre tienen ese sano pique de quien hace las cosas antes. Normalmente, es Egipto el que suele sacar pecho. ¿Cómo entonces los egipcios iban a ser menos que los tunecinos? Sí, admito que no es un análisis fino, y que posiblemente no sea un factor determinante, pero influir, seguro que ha influido.

La clave de lo que ha sucedido en Egipto es la resistencia de los opositores. Han aguantado golpes, muerte y represión. No se han echado atrás. Y hoy, a los que han aguantado todos estos días, se les ha sumado más y más gente.

Pero todo esto no habría sido posible sin dos factores: uno inicial, el de la movilización en Internet, pero en su justa medida, sobre todo para dar a conocer el movimiento fuera; el segundo, el papel fundamental de las televisiones como Al Jazeera. Nos han dado un ejemplo de persistencia, de trabajo, de profesionalidad…y nos queda claro que sin información, no hay libertad posible.

¿Y cuál será el siguiente país? No lo sé. Es posible incluso que no lo haya. Pero al resto de países árabes le ha quedado claro que cuanto menos Al Jazeera, menos periodismo, menos luz sobre los hechos, más posibilidad de agarrarse al poder. Para muestra un botón: “Siria, el reino del silencio”.

Sospechas confirmadas

Saturday, October 23rd, 2010

Alguien que haya seguido la guerra de Irak no le puede sorprender las revelaciones de los papeles de Wikileaks. No le resta, desde luego, valor. Pero se consta lo que ya se había denunciado y, sobre todo, se le da un halo de oficialidad, al proceder los documentos del Ejército estadounidense: a la superioridad les importaba poco reducir las bajas civiles y atajar las torturas.

Los ejércitos modernos tienen la manía de documentarlo casi todo. Por eso ha quedado blanco sobre negro que las atrocidades cometidas por EE UU, casi siempre enmascaradas como ‘errores’, ‘daños colaterales’, o cómo se miró para otro lado cuando otros torturaban a su favor. Es escalofriante ver como cada uno de esos ‘errores’ quedó minuciosamente documentado e impune. Se da una estimación oficial de víctimas (109.000, de las cuales 66.000 son civiles), que no se aleja demasiado de las  cifras dadas por la organización Iraq Body Account (122.000).  Se constata que los estadounidenses tenían sospechas, más allá del discurso oficial, sobre la ayuda de Irán a las milicias chíies de su país vecino.Y que la presencia de mercenarios en Irak, ya por si elevada, era mucho mayor de lo que oficialmente ser reconocía hasta ahora.

El exceso se produjo durante la era Bush, desde luego. Pero la administración Obama también tiene su responsabilidad: algunas de las torturas de estos informes se produjeron ya bajo su mandato, y sobre todo es con Obama cuando se produce la cesión de unos 9.000 presos a la policía iraquí, sin ningún control sobre su estado ni trato recibido una vez entregados.

Dos frases que se repiten en los informes dejan patente la impunidad y la permisividad hacia los abusos: “No se requiere investigación posterión” y “ningún soldado estadounidense estuvo implicado en el incidente”.  Estos informes, recogen, además, la versión oficial de los errores. En muchos casos las escenas descritas asépticamente en esos informes, pueden haber sido en la realidad mucho más escalofriantes. ¿Quién oficial no va a maquillar un hecho que puede acabar con su carrera? A todos estos hechos documentados por el Ejército de EE UU hay que añadir las violaciones de derechos humanos de las que no mediaron informe alguno.

Wikileaks ha sabido tocar la mejor tecla para difundir su trabajo: acudir a los mejores medios anglosajones (salvo el francés Le Monde) e incluyendo a Aljazeera para compartir los informes y que ellos saquen sus conclusiones.The Guardian marca la diferencia con The War Logs, con hasta un gráfico que documento un día de muerte en Irak.  También es muy recomendable el especial de The Bureau of Investigate Journalism.

PS: Un vaticinio: La próxima gran guerra en la que esté implicado EE UU  estará militarmente documentada de manera distinta.