Guerra y Paz

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Moeh Atitar de la Fuente

Periodista, fotógrafo y blogger. Más sobre el autor.

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Un olivo y fotos con pocas ganas de paz

Monday, June 9th, 2014

Me ha llamado la atención que los tres medios de referencia en España hayan tirado los tres por la misma escena del acto celebrado hoy en El Vaticano, donde el papa Francisco ha sido el anfitrión para un encuentro entre Abbas, líder de la Autoridad Nacional Palestina, y Simon Peres, presidente de Israel.

foto1

foto2

foto3

Por curiosidad (y/o defecto profesional) me he puesto a buscar fotos que ha servido por ejemplo Getty Images. Yo hubiera optado por otros momentos:

 

Estos son solos dos ejemplos donde con otras fotos se podía haber contado otra cosa. La elección de la fotografía en una noticia es tan editorializante como un titular. En las fotos publicados vemos a tres personas ancianas con cara de aburrimiento y con gesto de ‘esto no sirve para nada’. Mientras que en las dos fotos de Getty vemos hasta un acercamiento. Es la opción que ha elegido el NYT:

fotopapa

El niño Marwan o cómo una omisión inventa una historia

Tuesday, February 18th, 2014

Desde el mismo momento en el que la foto del niño sirio Marwan fue publicada por el representante de la ACNUR en Jordania, la historia estaba completa.

Fotografía de Marwan, publicada por Andrew Harper.

Fotografía de Marwan, publicada por Andrew Harper.

El texto que acompañaba la foto era claro: “Aquí el niño de 4 años Marwan, que estaba TEMPORALMENTE separado de su familia, asistido por miembros del UNCHR para cruzar”. Las mayúsculas son mías. Harper no hablaba en ningún momento de que el niño había cruzado solo todo el desierto. Como el propio Harper señalaba más tarde, el nunca dijo que estuviera solo:

“Nunca se dijo que estuviera solo. Fueron las agencias las que lo dijeron. Por favor lee mis twitts”, respondía Harper en su twitter.

La omisión de parte de la historia por las agencias y de los medios hace que se configure la historia que luego se difundió por todas las redes sociales: un niño de 4 años atraviesa en plena soledad todo un desierto huyendo de la guerra.

Una de las primeras periodistas que se hace eco de la imagen es esta de la CNN. Según ella, el niño había cruzado la frontera solo, separado de su familia.

TELE5 le daba por perdido.

“Lo primero que contó Marwan es que se había perdido y que viajaba con toda su familia rumbo a los campos de refugiados en Jordania.”

El Periódico titulaba: Marwan, la verdadera historia del niño sirio que se perdió en el desierto . Y añadía: “El menor, de solo 4 años, se desorientó entre un millar de refugiados en la frontera entre Siria y Jordania”.

HUFFINGTON POST no se pilla los dedos, aunque omite que el niño simplemente se había separado unos metros del grupo que atravesaba el desierto:

Miren la imagen de abajo. El niño que porta una bolsa en su mano izquierda se llama Marwan, tiene apenas 4 años y acaba de cruzar la frontera de Siria con Jordania huyendo de la barbarie de la guerra, que le había separado de su familia.

Por suerte se encuentra con un equipo de ACNUR, que le ayuda a llegar a un campo de refugiados. Según la propia ACNUR, allí Marwan se ha encontrado con su familia.

El Mundo cuenta que el niño siguió su camino sin su familia. Y titulaba: “Huir de la guerra en Siria solo con cuatro años”.

El responsable de ACNUR en Jordania, Andrew Harper difundió la imagen de Marwan en Twitter, que ha dado la vuelta al mundo. Parece que al final, Marwan pudo reunirse con su familia, que en la confusión de la huida, le había perdido. El niño siguió adelante sin ellos y finalmente, consiguió llegar a donde estaba la ayuda.

En otra pieza, El Mundo añade: “Marwan cruzó solo el desierto”, pese a que se incluye la imagen donde se ve al niño cerrado el grupo con el que cruzó el desierto.

Esto son solo unos ejemplos de cómo alguna omisión puede alterar significativamente una historia. A todo esto añadan miles de twitter sobre Marwan, donde todo se resumía en “Marwan, el niño que atravesó solo el desierto”.

Pero el drama de los refugiados sirios no se desvanece. Que un niño de 4 años tenga que atravesar el desierto, solo o en compañía de toda su familia, es ya un drama en sí. También el de los menores que atraviesan el desierto sin su familias, confiados a un grupo que huye.  No le hace falta aderezos ni épica. La ACNUR hace un trabajo inconmensurable, y no hace falta que se invente una historia, que de hecho, como vemos, ni siquiera se ha inventado. Si quieren ver el día a día de lo que de los refugiados sirios, les recomiendo seguir el twitter del campo de refugiados Za’atari.

Parece que nos empeñamos en esta máxima: que la realidad no te estropee un buen titular. Añadamos que, a toro pasado, y desde la barrera, todo es más fácil.

Actualización. Me avisa Soledad Alcaide de este twitt  ACNUR  Comité Español:

 

Parece que el Comité Español no leen a sus compañeros, y desde luego contribuyeron a la confusión. Desde la ACNUR Comité Español me aclaran que ellos enlazaron al perfile de Harper, donde se contaba toda la historia .

 

Manipulación de una fotografía

Thursday, January 23rd, 2014

La historia es sencilla. Narciso Contreras borró de una foto a un cámara que le fastidiaba el encuadre de una imagen en la que se podía ver a un opositor sirio en apariencia de pleno ‘fregao’. Trabajaba para AP como fotógrafo freelance en Siria. En la pasada edición de los premios Pulitzer, los fotógrafos de la agencia fueron premiados por la extraordinaria cobertura que habían realizado de la guerra. La foto manipulada en cuestión es esta:

Las dos imágenes, manipulada y sin manipular (AP/ Narciso Contreras)
La reacción de la agencia AP ha sido la esperada, a través de su vicepresidente y responsable de fotografía, Santiago Lyon:

“La reputación de AP es de suma importancia y reaccionamos con decisión y vigor cuando se ve empañada por acciones en violación de nuestro código de ética. Quitar deliberadamente elementos de nuestras fotografías es completamente inaceptable”.

El fotógrafo no volverá a trabajar para AP. La agencia ha revisado todo el material proporcionado por Contreras, 494 fotos, y de momento no ha encontrado ninguna otra imagen manipulada, de acuerdo con su versión.

¿Qué le lleva a un fotógrafo a borrar un elemento de una foto? ¿La presión de trabajar en un lugar donde te juegas la vida? ¿El imperativo de tener que mandar más fotos y más fotos para vender?¿La competencia con otros fotógrafos y con el ego propio? ¿Un poco de todo?

La manipulación en fotoperiodismo es inaceptable, pero ya no solo la que se hace con el botón de clonar del photosphop. Muchas imágenes, que tanto nos impactan, tienen mucho de posado y recreación.  Esa manipulación no trasciende, porque queda entre el fotógrafo y el fotografiado. Póngase cada uno en esa situación, de guerra y muerte, de tener que enviar fotos a toda costa, porque en muchos casos no hay fijo y sin foto no cobras.  Y a lo mejor, con tanta duda, dejamos de tenerlo todo tan claro.  Salvo una cosa: trampas, ninguna. No valen excusas. Eso nos lo deberíamos de repetir todos, todos los días, como mantra: trampas, ninguna.

Un típico caso de propaganda

Sunday, September 15th, 2013

Llego a este información: “Arabia Saudí envió a 1.200 condenados a muerte a la guerra de Siria“. Me sobresalto. Arabia Saudí es uno de los países que más aplica la pena de muerte y de manera más cruel si cabe. Busco datos de cuántos presos hay ahora en el corredor de la muerte, porque la cifra es más que disparatada. Hay en estos momentos unos 147 según esta ONG. La información ya es falsa.

Sigo leyendo la información:

“Según un memorándum secreto, Arabia Saudí ha enviado unos 1.200 condenados a muerte de varias naciones a luchar contra el régimen de Al-Assad en Siria a cambio de conmutar sus condenas, según informa la Agencia Internacional de Noticias Siria”

Primera fuente de esta falsa noticia: “un memorándum secreto”. ¿Y quién lo dice? “La Agencia Internacional de Noticias Siria”. Rastreamos un poco, y nos encontramos esta otra información. No es la Agencia Internacional Siria, sino la Agencia Internacional ASIRIA. Y vamos ya por curiosidad de ver el origen de la noticia, a la agencia en si. Lo mejor de todo es que este teletipo, estrambótico, sin fuente alguna, todo secreto y anónimo, es de enero pasado. Uno se pregunta: ¿y por qué no salen por patas una vez llegan a Siria? El teletipo tiene la respuesta: los saudíes tienen secuestradas a todos los miembros de su familia, así que no les queda otra que ponerse a dar tiros en una guerra ajena. Se olvidan que Arabia Saudí tiene una dura política migratoria, que hace imposible que esos 1.200 extranjeros tuvieran todos a sus familias en el país.

Hay una base fundamental para la propaganda: hinchar las cifras. Mucho. Si hubieran dicho 120, aún podía colar, pero no es tan llamativo como 1.200.  La noticia original habla de 1.239. Inconscientemente, al ver ese 39, tendemos a creer que es precisa. Y si encima hay un documento redactado con membrete como prueba fehaciente, pues mejor que mejor.

Dicen que la primera víctima de la guerra es la verdad. Los periodistas, muchas veces de manera inconsciente, nos convertimos en colaboradores necesarios de ese homicidio.

Según cuenta, o el periodismo en diferido

Wednesday, September 11th, 2013

La noticia era terrible: “Una niña yemení de 8 años muere en su noche de bodas por lesiones sexuales“; el origen, un periódico kuwaití; de la noticia se hizo eco el digital Huffington Post en su versión británica; de allí saltó a otros medios que citaban al Huffington Post y al periódico kuwaití. Nadie se paró primero a ver el origen de la noticia – en árabe – ni a preguntarse cuáles eran las fuentes en las que se sustentaba, algo básico en el sentido común del periodismo. En la noticia se citaba a la agencia Reuters, que había recogida las supuestas declaraciones de un activista. Ni rastro de esas declaraciones. Si alguien encuentra el teletipo, que me lo haga llegar.

Leí comentarios indignados sobre la noticia. No es para menos. Los matrimonios infantiles son una lacra extendida en Yemen, que solo ampara una pederastia legalizada. Y la práctica no se limita a Yemen.

Pero la noticia tiene todos los visos de no ser cierta. El periodista Saeed Al Batati, corresponsal de Gulf News en Yemen, hizo lo que otros no hicieron y se fue a preguntar por la historia. Las autoridades negaron el caso y aseguraron que el padre había sido localizado, la niña, Rawan, estaba viva, nadie la había violado y mantenía la soltería. El periodista fue más allá y preguntó a SEYAJ, una de las ONG más importantes de protección a la infancia en Yemen. En una investigación preliminar negaban el caso. Así que Al Batati acudió al origen de la noticia, Mohammad Radman, periodista freelance, para que le aclarara la noticia. Radman sigue manteniendo que es cierta. ¿Cuál es su fuente? Los vecinos, una única fuente endeble. Si todos los medios que han publicado la noticia hubieran rastreado un poco (que para eso están) habrían tenido serias dudas y no habrían publicado la noticia.

Es lo que tiene el periodismo en diferido, por delegación. No hay, supuestamente, dinero para mandar un periodista a Yemen. No hay tampoco especialistas, como Al Batati, que descuelguen teléfonos y hablen con fuentes. Pero nos lanzamos a hacer un periodismo precedido de un ‘según cuenta’. ¿Por qué? Porque no vamos a perder la oportunidad de contar una historia que nos va a dar muchas visitas con casi ninguna inversión.

En un mundo ideal, comme il faut, esta noticia habría servido para poner simplemente en alerta a una redacción, y tal vez habrían decidido mandar a alguien a investigar  y escribir sobre el matrimonio infantil en Yemen. Tema hay para rato, desde luego. Eso sería en un mundo ideal.

Lo más curioso es que el Huffington Post (la versión original, la madre de todas sus versiones) ya lleva las dudas sobre esta noticia. Veremos si el resto de medios que han dado la noticia a bombo y platillo hacen un poco de autocrítica. Lo dudo.

PS: En lo personal diré que la noticia no me olía bien, porque uno lee cada vez con más escepticismo las noticias precedidas de un ‘según cuenta’. Fue Calamity Jane quien me alertó de que esto podía ser un bulo. Calamity es una de las personas que más sabe del mundo árabe y sobre todo de Yemen. También tiene sentido común. Recomiendo que la sigan.

Actualización (Domingo 15 de septiembre de 2013): “¿Una boda, un funeral o una cortina de humo?” reportaje de Saeed Al Batati, que ha ido hasta el lugar (una aldea remota), donde ha entrevistado a la supuesta niña y a su padre (desmienten que se haya casado) vigilado por las autoridades (también desmienten el caso), así como otros vecinos (que se mantienen en el anonimato) que le han asegurado que esa no es la niña y que si que ha muerto de manera salvaje. Hay una investigación oficial en curso. Veremos en qué queda.

Poca guerra en el Instagram de los Assad

Friday, September 6th, 2013

Asma Al Assad rivalizaba hasta hace bien poco con Rania de Jordania por el título de la máxima elegancia en Oriente Próximo. Al menos iban a mejorar, con total seguridad, la belleza de sus sendas estirpes. Lo tenían bastante fácil.

En diciembre de 2010, con su marido ya reprimiendo manifestaciones en las calles, la revista Vogue le dedicó un inexplicable artículo: ‘Asma, la rosa del desierto’. Para más inri, el fotógrafo que firmaba las dulces imágenes era el afamado James Natchwey, curtido en guerras. Por 5.000 dólares una agencia de relaciones públicas de Washington había puesto en contacto a los Assad con la publicación, según el NYT.

Año y medio más tarde, la todo poderoso editora de Vogue, Anne Winrtour, se disculpaba en un comunicado sobre este artículo. La periodista que firmó la pieza no fue renovada, y como acto de despecho, contó lo que no había contado de la entrevista. Todo un sainete periodístico.

Asma Al Assad ya no es glamurosa. Las revistas de moda ya no se fijan en ella. Se había llegado a especular con que ella y sus hijos habían abandonado Siria. Lejos de ser real: la primera dama, la rosa marchita del desierto, sigue siendo la imagen del régimen, y donde más la explota es en la red social Instagram. La vida sigue y de aquí no nos mueven, parece el mensaje propagandístico que quieren lanzar al mundo, entregando premios a los bachilleres que mejor nota han sacado en el bachillerato. Si pueden estudiar, ya saben, aquí no pasada nada.

 

Asma Al Assad reparte los premios a los bachilleres que han sacado mejor nota, según el Instagram

Asma Al Assad reparte los premios a los bachilleres que han sacado mejor nota, según el Instagram


 

 

"Con la familia del mártir Abdel Raouf Mohsin Tabich", se lee en el pie de esta imagen de abril

“Con la familia del mártir Abdel Raouf Mohsin Tabich”, se lee en el pie de esta imagen de abril

 

 

Asma Al Assad reparte comida entre desplazados, según el pie de la foto.

Asma Al Assad reparte comida entre desplazados, según el pie de la foto.

Esta solo es una pequeña muestra. Pasen y vean. Llama la atención que en ninguna imagen aparece junto a su marido, que en este Instagram aparece reunido con ministros iraníes, visitando a las tropas o siendo aclamado por las masas.

El Instagram es pura propaganda, como lo puede ser cualquier Instagram de un político, con la salvedad de que esta es propaganda pura de guerra de un dictador. La elección de una red social como Instagram sorprende. En cualquier momento puede ser cerrado – la empresa es estadounidense – pero a la vez los comentarios están abiertos, lo que da rienda suelta a que detractores y seguidores.

Tampoco les pidan un sentido estético a la oficina de propaganda: ninguna de las fotos tiene filtro alguno. Mejor así. Más crudo todo.

World Press Photo o la polémica que no debió de existir

Wednesday, May 15th, 2013

Alimento. Más que de fotografía deberíamos de hablar primero de periodismo. Últimamente, cuando nos juntamos más de dos periodistas, hablamos de lo mal que está la cosa; hace unos años hablábamos del modelo de negocio que teníamos que seguir para evitar llegar a donde hemos llegado, sin ser conscientes de que esas decisiones, en el fondo, no las tomamos nosotros y no tenemos ni idea de negocio. Lo nuestro debería ser contar historias y discutir de cómo las hemos contado. Vayamos a lo segundo.

Ayer nos despertábamos con un post publicado el lunes (tardamos en llegar a él) en el que se aseguraba que la foto ganadora del World Press Photo, Entierro en Gazaera en realidad una composición de varias imágenes, y por lo tanto, una manipulación inaceptable de la realidad. El blogger aseguraba que Hansen no había proporcionado el archivo raw, esencial para hacer un análisis digno de llamarse así. Y sin embargo él mismo, sin archivo raw (el archivo crudo, bruto, de la fotografía), se lanzaba a hacer un análisis forense (la foto está más muerta que nunca, aquí una constatación) para dictaminar que Hansen había manipulado todo y que la foto premiada procedía de haber mezclado varias imágenes. El premio debería de ser retirado y Hansen condenado al ostracismo fotográfico por mentiroso.

Unos días antes el otrora prestigioso Spiegel escribía un artículo diciendo que Hansen no había proporcionado el archivo raw. No había ninguna coletilla de ‘según ha confirmado la propia organización’ y lo daban por sentado. Además añadían:

Pro-Israeli bloggers and journalists, in particular, had accused him of manipulation and embellishment. Other photographers have also been critical of the photo’s selection for the World Press Award. Some fear that the boundaries are becoming blurred between journalistic photography, on the one hand, and artistic and commercial image design, on the other. Industry publications like Freelens Magazin have also voiced criticism of the trend.

Sospecho que si la foto ganadora hubiera retratado una procesión de la Semana Santa Sevillana, esta polémica solo hubiera sido alimentada por los ‘expertos en fotografía’, y no hubiera sido ni de lejos tan amplia. Se reduce, entonces, no solo a la técnica, no solo a la postproducción, sino al tema que se retrata: el dolor palestino no puede ser premiado, no puede ser reconocido. Así que lancemos, con el perdón, más mierda sobre la foto. Porque todos sabemos que los palestinos son unos actores excelentes, que cuando entierran a unos niños porque una bomba israelí lo has asesinado, son lágrimas de photoshop (aviso, es ironía, que últimamente la gente no la capta muy bien).

Así que con todo esto, un supuesto análisis y la acusación (sin confirmación de la propia organización) de que Hansen no había entregado el raw, los medios se lanzaron a hacerse eco del escándalo, de la mentira y de la manipulación.  Ningún medio citaba a un experto serio en la materia, que hubiera ponderado ese supuesto análisis. Acudieron, como mucho, a fotógrafos o editores que dieron su opinión ‘estética’ sobre la foto. Algunos, osados, daban por verdadero ese análisis. Es difícil que un fotógrafo sepa hacer un análisis sobre la manipulación del raw. Necesita una formación específica, que roza casi con la informática, para poder hacer un análisis conveniente. Y no era el caso. Un experto hubiera dicho que sin raw, no hay análisis y que lo hecho por el blogger era más bien conjeturas sin fundamento.

La fundación World Press Photo quiso zanjar el tema, y emitió a las 14h44 un comunicado sobre el caso diciendo que pese a que  ”no tenían dudas sobre las explicaciones” de Hansen, habían decidido, con la cooperación del fotógrafo, someter a la fotografía a otro análisis más detallado realizado por dos expertos. A las 19h33 el dictamen era concluyente: la manipulación no existía.

Y esto solo fue el alimento de muchos medios durante todo el día de ayer. Muchas visitas. Nadie espera. Nadie pondera que detrás de esa acusación no hay sustento alguno, no hay periodismo, no hay fuentes. ¿Llamar a un experto? ¡No! No vaya a ser que nos estropee la polémica y las visitas del día. No hacemos periodismo, porque nuestro alimento, en forma de visitas, es llevar exactamente lo que lleva el otro. Los ingleses lo llaman ‘me too’. Y claro, una vez resuelto que no había polémica, no vamos a desmontar todo el tinglado que llevábamos todo el día montando. Dejemos que la duda fluya.

Estética no es ética. Esta fotografía ha sido objeto de una absurda polémica desde el primer momento. Se le acusaba a Hansen de haber hecho mucho photoshop  y de que esa foto no existía, no tenía validez, porque no era como la había tomado su cámara y que era fruto de la postproducción. Recréense en la palabra: postproducción.

Todo se reduce a que en el mundo de la fotografía actual (y adyacente) convivimos gente que nuestro cuarto oscuro es el photoshop, mientras otros no han salido físicamente del cuarto oscuro, donde siguen intentando descifrar cuál es el fijador y cuál es revelador. No controlan las herramientas actuales, y siguen creyendo que las fotos que se positivaban en el laboratorio son pura verdad. Y no se enteran de que en el laboratorio se hace exactamente lo mismo que en photoshop, con la salvedad de que no hay líquidos de por medio.

La discusión aceptable puede moverse en el campo de la estética. Discutamos si la imagen funciona o no, si está contrastada, si hay demasiado detalle en las sombras…En definitiva, si nos gusta o no. Y quedaría reducido a una discusión muy parecida a si un trabajo tiene más gancho en blanco y negro o en color.

Pero es absurdo decir que esa foto no es verdad. Hablemos mejor de honestidad. El fotógrafo retrata una parte de lo que es testigo, con un aparatito que ya distorsiona por si solo todo eso: desde la lente que utiliza, el ISO al que tira, diafragma, velocidad… Manipula con su cámara lo que tiene delante para tener ese trozo. El resultado es honesto o no si ha querido poner más invención de la necesaria.

Insisten los detractores del ‘retoque’ que esa imagen no debería de procesarse más allá de lo aceptable.  Parecen no entender que la misma cámara tiene distorsiones de color, de luz, etc… Que esas distorsiones tienen que ser corregidas, mejoradas y arregladas, porque la fotografía, al igual que un texto periodístico, es lo más subjetivo que hay. Entendemos la diferencia que hay entre un teletipo y una crónica de autor, pero parece mentira, en la fotografía, no sabemos distinguir nada. Aceptamos que un periodista, jugando a literato, plague su crónica de adjetivos. Pero pobre del fotógrafo que saque detalles de las sombras…

Les dejo, finalmente, con una foto honesta, retocada como le dio la gana al autor, y que ha ganado el World Press Photo 2013:

Gaza burial. World Press Photo of the Year, Spot News, 1st prize singles, Paul Hansen

Gaza burial. World Press Photo of the Year, Spot News, 1st prize singles, Paul Hansen

PS: Recomiendo la lectura de este post: “Cuando la cámara señala los niños muertos, los necios miramos el RAW

PS2: Para que vean que detrás de la imagen no hay actores, aquí un post escrito por Miguel Ángel Medina que visitó a la familia.

La invasión de Irak, otra mala guerra para el periodismo

Tuesday, March 19th, 2013

Podíamos dedicarle largos post sobre lo que la guerra aporta a la humanidad; no sería desde luego un alarde de sus beneficios; nos podríamos preguntar si merece la pena el cafe soluble, las maquinillas de afeitar desechables, los tampones, el gintonic, los aerosoles….pero sería francamente futil. La guerra ha aportado muerte y destrucción, pero quizá por eso, porque el hombre se encuentra en situaciones extremas, se le agudiza el ingenio.

Sucede que la comunicación también avanza a golpe de guerras. Los principios de comunicación son los mismos; las formas no. La propaganda se adapta, el periodismo evoluciona y las circunstancias cambian.

Philip Knightley es el autor que se hace fundamental para ver la evolución del trabajo de corresponsales de guerra y de los esfuerzos de los gobiernos (EE UU y Reino Unido, principalmente) implicados para colarnos sus mentiras y su visión única de la guerra. Su libro The first casualty, es una referencia de la evolución del periodismo en tiempos de guerra, Desde Crimea hasta la guerra de Irak. Hoy he releído el último capítulo, dedicado a cómo vendieron la guerra y cómo se desarrolló ese escaso mes de campaña militar para llegar hasta Bagdad.

El arquitecto de la estrategia mediática fue Bryan Whitman, asistente del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld. Knightley la resume en cuatro puntos: 1.- Enfatizar los peligros que supone el régimen de Sadam Hussein; 2.- Desmentir y desacreditar a todo aquel que dude de esos peligrosos; 3.- no apelar a la lógica, y tirar más de sensiblería; 4.- Y siempre con un mensaje al público: “Creednos. Sabemos más de lo que les podemos contar”.  Apliquen estos cuatro puntos a la intervención del entonces secretario de Estado Collin Powell en las Naciones Unidas, cuando nos mostró un tubito donde podía contener un veneno tan letal que podía aniquilar a toda la humanidad si se destapaba y que el Irak de Sadam fabricaba a toneladas.

La administración Bush aplicó a raja tabla esta estrategia diseñada y ejecutada por Whitman, que también hizo las veces de portavoz; se mantuvo largo tiempo en el cargo, y fue le que salió a defender los interrogatorios — torturas– y a quitarle hierro al tratamiento inhumano de Abu Graib. ¿Y que fue del gris Whitman? Pues Obama le mantuvo en el puesto hasta mayo de 2010, para luego ascenderle al máximo responsable en el Pentágono en comunicación de masas y propaganda.

El periodismo, especialmente en EE UU, se creyó a pies juntillas todo lo dicho por la administración Bush; no hubo prácticamente fisuras, y desde luego los grandes medios cuando menos se tragaron la versión construida alrededor de mentiras. 

Si los medios se plegaron a divulgar el casus belli,  el inicio de la invasión solo hizo que los periodistas fueron convidados de piedra. El Pentágono tuvo claro que los medios, especialmente las teles, necesitaban imágenes y algo de acción para cubrir ciclos de programación de 24 horas. Para ello decidió rescatar una figura: el periodista empotrado. Durante la I Guerra Mundial, el Reino Unido introdujo en algunas de sus unidades a periodistas, a los que dio el grado de capitán. Debían, por tanto, obedecer  órdenes y contar solo la visión que convenía para la propaganda británica. “No ha habido un periodo más de indigno para la historia del periodismo que los cuatro años de la Gran Guerra”, escribía el historiador Artur Ponsonby en 1928, y que recoge Knightley.

Salvo darles el grado de capitán y armas, el Pentágono copió este esquema. Los periodistas solo podían acudir al campo de batalla si iban empotrados en una unidad. Se les daba un entrenamiento previo en EE UU y convivían con la unidad antes de la invasión. Se creaba un sentimiento de camadería,  y no era raro escuchar y leer en las crónicas lacónicos “avanzamos hacia el norte”, en un plural que implicaba que la estrategia del Pentágono estaba funcionando.  Todo lo que se contaba pasaba por el filtro del jefe de la unidad, que tenía poder de censurar previo consentimiento del Comando Central. No se andaban con medias tintas: el periodista de la Fox, Gerardo Rivera, ferviente partidario de la guerra, fue expulsado del frente por pintar un mapa en el suelo y describir el avance de su unidad. Generation Kill fue una serie que recogió las vivencias de un periodista de Rolling Stones empotrado con una unidad

Pero el Pentágono tenía al menos un problema. Podía controlar a los periodistas empotrados, pero no tenía control alguno sobre los periodistas que estaban en Bagdad cubriendo la guerra desde el lado iraquí. Especial nerviosismo le causaba la cadena qatarí Al Jazeera, que proporcionaba imágenes a todo el mundo del lado iraquí. No dudo por ello, como hiciera durante la campaña contra los talibanes en Afganistán, en bombardear las oficinas de la cadena en Bagdad. En esa misma línea debe de encuadrarse el ataque contra el hotel Palestina, donde residían los periodistas, y en el que murieron José Couso y Taras Protsyuk, o el bombardeo contra el convoy de la tv británica ITN , que se saldó con la muerte de tres periodistas. Un dato: de los quince periodistas muertos durante el mes de invasión, la mayoría murió por fuego de EE UU.

Neda no era Neda

Friday, November 16th, 2012

Los medios viven inmersos en la obsesión de que toda noticia o persona que la protagoniza tiene que tener una foto o una imagen. Esa obsesión se ha visto alimentada con todo este universo digital. Antes eran los periodistas del medio o las agencias las que proporcionaban esas imagenes. Si había un muerto de por medio, acudían a la familias o amigos para que les proporcionara una foto del difunto. Un veterano de noticias de sucesos me confesó un día que en su vida había robado muchas fotos de las casas de difuntos noticiosos.

Ahora también robamos, pero sin entrar en las casas. Si pasa algo, los editores gráficos corremos al oráculo  y le preguntamos por la imagen. Muchos no dudan en asaltar Facebook o cualquier otra red social y robar (sí, es un robo) la imagen. Ya puestos, casi no se contrasta si esa persona que han descubierto es o no la protagonista de la noticia. Tenemos la imagen, ¿cómo nos vamos a llevar el chafón de que esa no es la persona que realmente buscamos?

Algo así debió pasar en el caso de Neda; murió apaleada durante una protesta de aquella revolución verde iraní, aquella que nos empeñamos en decir que era una revolución digital a golpe de Twitter. El vídeo de su muerte, subido por un videoaficionado a la red, recorrió el mundo entero. Las imagenes valieron una mención especial en los World Press Photo de ese año.

Teníamos la cara de ella destrozada por los golpes. Pero nos faltaba su imagen sonriente. Algún iluminado se metió en Facebook y se topó con una tipa con pañuelo, que se llamaba [casi] igual y vivía en Irán. ‘Es ella’, se dijo satisfecho. Es posible que la subiera, a su vez, a Twitter, y entonces mucha gente dijera al unísono: ‘Es ella’. Editores de medios de comunicación con cierta credibilidad llegaron a la misma conclusión, porque ahora lo que dice Twitter  es verdad, y para qué contrastar . Y esa imagen pasó a ser el retrato de ella, que no era ella.

Neda Soltani (izquierda) and Neda Agha-Soltan (derecha)

Ella, la del retrato, no estaba muerta. Se llama Neda Agha-Soltan. Pero ese fallo encadenado, esa mentira multiplicada hasta convertirse en verdad, la puso en un brete: el régimen iraní la acusó de simular su muerte y ella, ajena a todo esto, tuvo que dejar su país.

Todo un drama humano causado gracias a la obsesión de tener una imagen de toda cosa que pasa.

Tres años más tarde cuenta su historia a la BBC. | vía PetaPixel

Irak, se van los militares, volverán los mercenarios

Thursday, December 15th, 2011

EE UU se retira hoy de Irak ocho años después sin haber alcanzado una clara victoria. Es posible que hayamos asistido a la última gran invasión por parte de un ejército regular en mucho tiempo.

La guerra de Irak ha dejado patente que la victoria en las guerras es fácil de declarar, pero difícil de demostrar. Es paradójico que 8 años después, Obama, que se opuso a esta guerra, acudiera ayer al mismo argumento que Bush: los iraquíes están ahora mejor que en tiempos del execrable dictador Sadam Hussein. Solo un dato: en el año 2000 la esperanza de vida era de 70,74 años; en 2009, de 68,09, según datos del Banco Mundial. Irak sin Sadam es desde luego un mejor Irak, pero no es una disyuntiva ante los ocho años de invasión.

También Obama le copió a Bush en el discurso de ayer otra laguna: Hizo referencia a los soldados heridos — más de 30.000 — y sobre todo a los cerca de 4.500 muertos que ha dejado esta guerra entre sus filas, y ninguna referencia a los más de 100.000 muertos iraquíes.

La invasión de Irak y posterior ocupación ha sido un buen paradigma de las nuevas guerras (acudir siempre en estos casos al libro de referencia de Herfried Münlker): un ejército regular es incapaz de cubrir todos los frentes de una guerra y acude a la contratación de empresas privadas, para dar abastecimiento a sus tropas y sobre todo hacer funciones de seguridad. El ejemplo más mediatico ha sido Blackwater, pero fueron muchas las protagonistas de esta privatización de la guerra, de este negocio ya intrínseco de los nuevos conflictos, cuya presencia se incrementó aún más bajo la administración del premio Nobel de la Paz Barak Obama.

EE UU retira hoy a sus soldados de Irak, pero en enero siguiente habrá una fuerza similar a una brigada (entre 3.000 y 5.000 efectivos) compuesta por empleados de empresas privadas para proveer de seguridad a todo el cuerpo diplomático estadounidense acreditado en Bagdad.

Los protagonistas, ocho años después, siguen siendo los mismos. Blackwater, tras cambiarse el nombre por Xe Service (todo por el tiroteo de la plaza Nisour) y ahora pasar a llamarse Academi, pretende volver a Irak, para dar entrenamiento a las fuerzas de seguridad iraquí, y quizá de nuevo arrancar algún tipo de contrato de seguridad, pese a que el Gobierno iraquí vetó a todos estos mercenarios de su territorio. Sin las fuerzas de EE UU, veremos cuanto tiempo tarda Irak en echar mano de estas compañías — ¿quizá con empleados iraquíes? — para dar seguridad.

La guerra, nunca ha dejado de ser un gran negocio.