Guerra y Paz

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Moeh Atitar de la Fuente

Periodista, fotógrafo y blogger. Más sobre el autor.

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Manipulación de una fotografía

Moeh Atitar de la Fuente - Thursday 23 de January de 2014

La historia es sencilla. Narciso Contreras borró de una foto a un cámara que le fastidiaba el encuadre de una imagen en la que se podía ver a un opositor sirio en apariencia de pleno ‘fregao’. Trabajaba para AP como fotógrafo freelance en Siria. En la pasada edición de los premios Pulitzer, los fotógrafos de la agencia fueron premiados por la extraordinaria cobertura que habían realizado de la guerra. La foto manipulada en cuestión es esta:

Las dos imágenes, manipulada y sin manipular (AP/ Narciso Contreras)
La reacción de la agencia AP ha sido la esperada, a través de su vicepresidente y responsable de fotografía, Santiago Lyon:

“La reputación de AP es de suma importancia y reaccionamos con decisión y vigor cuando se ve empañada por acciones en violación de nuestro código de ética. Quitar deliberadamente elementos de nuestras fotografías es completamente inaceptable”.

El fotógrafo no volverá a trabajar para AP. La agencia ha revisado todo el material proporcionado por Contreras, 494 fotos, y de momento no ha encontrado ninguna otra imagen manipulada, de acuerdo con su versión.

¿Qué le lleva a un fotógrafo a borrar un elemento de una foto? ¿La presión de trabajar en un lugar donde te juegas la vida? ¿El imperativo de tener que mandar más fotos y más fotos para vender?¿La competencia con otros fotógrafos y con el ego propio? ¿Un poco de todo?

La manipulación en fotoperiodismo es inaceptable, pero ya no solo la que se hace con el botón de clonar del photosphop. Muchas imágenes, que tanto nos impactan, tienen mucho de posado y recreación.  Esa manipulación no trasciende, porque queda entre el fotógrafo y el fotografiado. Póngase cada uno en esa situación, de guerra y muerte, de tener que enviar fotos a toda costa, porque en muchos casos no hay fijo y sin foto no cobras.  Y a lo mejor, con tanta duda, dejamos de tenerlo todo tan claro.  Salvo una cosa: trampas, ninguna. No valen excusas. Eso nos lo deberíamos de repetir todos, todos los días, como mantra: trampas, ninguna.