Guerra y Paz

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Moeh Atitar de la Fuente

Periodista, fotógrafo y blogger. Más sobre el autor.

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Archive for the ‘Citas’ Categora

La sombra del poder, una excusa para hablar de periodismo

Tuesday, April 21st, 2009

El congresista Stephen Collins (Ben Affleck) investiga a una empresa de seguridad (de parecido razonable a la real Blackwater Worldwide)  cuando muere una de sus ayudantes (a la par que amante) en un sospechoso accidente de metro. El affaire entre la congresista y la actritiva ayudante salta a las páginas de los periódicos. El veterano reportero de papel Cal McAffrey (interpretado por Russell Crowe) acude en ayuda de su amigo el congresista, mientras una blogger recién llegada a su periódico (The Washington Globe), trata de sacar una historia sensacionalista sobre los devanéos sexuales del político. Las ventas en un periódico en tiempos de crisis (con lavado de imagen incluida) son cruciales y la editora (equivalente al puesto de director en un periódico español) Cameron Lynne (interpretada por una sensacional Helen Mirren, ) presiona al veterano McAffrey (whisky Jameson al cante, coche viejo, desastroso y desordenado, a la par que un aspecto tan desaliñado como la comida basura que engulle)  para que ayude a la blogger Della Frye (Rachel McAdams) a escribir historias que vendan papel, aunque para ello tengan que saltarse unas cuantas leyes del buen periodismo.

La sombra del poder (State of play) lo tiene todo para ser una película que uno puede recomendar: Guión bueno, escenas trepidantes, personajes reales que mantienen diálogos calcados a la realidad y sobre todo un espejo de la situación que se está viviendo actualmente en muchas redacciones, a saber: un periodismo del bueno, del toda la vida, del de contrastar fuentes, que no vende tantos ejemplares como antes, y que le echa la culpa a Internet y a los modos de hacer de unos tantos periodistas digitales (contrasentido, ya que el periodismo siempre se ha hecho, en gran medida, con los dedos). Los blogs son, en esto, el paradigma de la crítica, que se repite ya en el imaginario colectivo de Hollywood y de unas tantas series estadounidenses (un buen ejemplo sería el Ala Oeste de la Casa Blanca, que coloca a los blogs a la altura del betún), y a los que se les acusa de publicar solo chismes y historias reales [aquí en España tenemos ciertos confidenciales para este menester].

Para un periodista la historia de La sombra del poder es solo una excusa para ver retratado los males de su profesión en estos tiempos de crisis en lo económico, pero también, en lo sustancial, una crisis de su profesión / oficio. De hecho yo fui al cine motivado principalmente porque varios compañeros me la recomendaron, y porque se dedicaron un buen rato a hablar de ella (para consternación de quienes aún no la habíamos visto).

El periodista de toda la vida se queja de que ya no puede hacer bien su trabajo por cuestiones empresariales (no se venden periódicos, las historias son caras de investigar y solo se quieren grandes titulares para historias sensacionales que sirven para atrapar al lector, con el menor coste posible), mientras mira con recelo a unos jóvenes entusiastas que han nacido profesionalmente y mal pagados en Internet, sin otra capacidad de llegar a los hechos que a través del click del ratón (en esto también aparece la empresa, que le exige un trabajo desde la mesa, con el monitor como única ventana a la realidad, en pos de ahorrar costes) .

Y los diálogos son el hilo conductor de este particular guión paralelo de la película. Saco aquí algunos fragmentos:

La blogger y recién llegada a la redacción se presenta McAffrey y le pide información sobre el congresista

FREY: Bueno, ¿tu crees que tenía una aventura con esa chica?
MCAFFREY:  A ver, Della, no lo sé. Tendría que leerme un par de blogs antes de formarme una opinión

 En el despacho de la editora, hablando sobre la blogger Frey

MCAFFREY: Tengo entendido que nuestra versión online va fenomenal. No soy del tipo de personas que se daría cuenta de algo así, pero llevo aquí, ¿cuántos? ¿15 años? Uso el mismo ordenador desde hace 16 años. Ella lleva aquí 15 minutos y ya podría lanzar un puto satélite con toda la tecnología que maneja.
LYNNE: Es ambiciosa, barata y produce un artículo tras otro sin parar.
MCAFFREY: Y yo estoy sobrealimentado, soy demasiado caro y tardo mucho en redactar.
LYNNE: Eso es.

En la redacción, tras atar todos los cabos de la noticia, el veterano redactor de papel y la novel periodista de Internet.

MCAFFREY: ¿Sigues aquí? Creía que ya estarías publicando la primicia en Internet.
FREY: Es que una noticia de este calibre es mejor que la gente la lea en un periódico de papel.

Se imaginarán que por supuesto la guapa periodista digital (con su iphone incluido) se unirá al trabajo periodístico del aguerrido periodista de papel, para ganarse finalmente su reconocimiento. Sin embargo poco aprende el redactor de papel de la guapa periodista blogger. Pero hay que quedarse con ese trasfondo: al final se trata de periodismo, da igual que se haga en Internet, en papel, o con tantán.

PS: siguiendo la recomendación de Tormento [mi crítica de cine de cabecera] me quedé para ver los créditos finales, en el que se muestra la parte industrial del periodismo de papel: la imprenta. Parece que todo el mundo en la sala había leído la recomendación de Tormi, porque nadie se movió.

PS2: sobre esta película también ha hablado Ramón Lobo, con ésta reflexión final que suscribo: “En nuestro mundo en crisis quizá no dependamos tanto de la llegada de superhéroes que defiendan este oficio de nosotros mismos, sea impreso o digital, quizá basten periodistas sensatos y buenos que hablen solo de periodismo y no de presupuestos y que crean profundamente en este hermoso negocio de contar historias veraces.”

PS3: La película State of Playe está basada en la serie de la BBC con el mismo título.

Einstein

Wednesday, January 7th, 2009

“Nos hemos reunido hoy para conmemorar a una comunidad milinaria, sus problemas y su futuro. Es una comunidad milenaria, sus problema y su futuro. Es una comunidad de tradición moral, que en momentos de tribulación demostró siempre su fortaleza y su amor a la vida. De ella han salido hombres que encarnaron la conciencia del mundo occidental, y que difundieron la dignidad humana y la justicia.

Mientras esta comunidad nos importe, se perpetuará para la salud de la humanidad, aunque su organización no sea formal. Hace algunas décadas hombres de claro entendimiento, como Herzl, pensaron que teníams necesidad de un centro espiritual desde el cual mantener el sentimeinto de solidaridad en los tiempos más difíciles. De allí surgió la idea sionista y la obra de asentarse en Palestina, cuya realización, o al menos cuyo prometedor comienzo está ante los ojos.

He visto con satisfacción y alegría hasta que punto ella contribuye al saneamiento del pueblo judía. Minoritario dentro de las naciones que habita, éste está expuesto no solo a las dificultades externas sino a peligros íntimos de tipo psicológico.

Durante los últimos años la obra de construcción conoció una crisis que pesó gravemente sobre todos, y todavía no ha sido superada. Pero las últimas noticias demuestan que el mundo, y en particular el gobierno inglés, están dispuestos a reconocer lo que significa nuestra meta sionista. En este mismo momento, tenemos un pensamiento de gratitud hacia Weizmann, que ha permitido el éxito de la causa por una devoción y una prudencia totales.

Las dificultades tuvieron también consecuencias benéficas. Han ratificado el poder de los lazos que unen a los judíos de todos los países, sobre todo en cuanto concierne a nuestro destino. Han aclarado nuestro modo de ver el problema palestino, limpiándolo de las impurezas de una ideología nacionalista. Quedó claramente proclamado que nuestro objetivo no es la creación de una comunidad política, sino que conforme a la tradición del judaísmo, es una meta cultural en el sentido más amplío de la palabra. Para lograrlo debemos resolver con nobleza, abierta y dignamente, el problema de la convivencia con el pueblo hermano de los árabes. Es la ocasión de probar lo aprendido a través de milenios en nuestro dificultoso pasado. Si descubrimos el recto camino triunfaremos, y podremos dar un bello ejemplo a todos los pueblos.

Lo que hacemos por Palestina lo hacemos también por la dignidad y la moral de todo el pueblo judío.

(…)

Especial atención merecen nuestras relaciones con el pueblo árabe. Fomentándolas podremos evitar en el futuro la formación de tensiones peligrosas, que podrán ser utilizadas para provocar ataques de nuestros enemigos. Es una meta fácil de alcanzar ya que nuestra tarea se ha encarado de modo que favorezca también a los árabes.”

Albert Einstein, de un discurso pronunciado en Londres, en algún momento antes de la creación del estado de Israel. Recogido en Mi visión del Mundo, editado por Tusquets. Las  negritas son mías.

No vale quejarse

Thursday, December 4th, 2008

“Si tiene remedio,¿ por qué te quejas? Si no tiene remedio, ¿por qué te quejas?”

Proverbio chino, japonés, árabe, ruso o uruguayo, a gusto del lector.

Fe de erratas: a Platón lo que es de Santayana

Wednesday, August 27th, 2008

“Solo los muertos han visto el fin de la guerra”, es una frase que en este blog ha sido usada en dos ocasiones (1 y 2). En las dos, la frase ha sido atribuida a Platón. Negligencia, porque la frase es de George (nadico Jorge) Santayana. Doble negligencia: en ningún momento se ha especificado en qué trabajo de Platón aparece la frase, muy mañida entre los blogs con miras a la guerra.

De este error yo no me he dado cuenta hasta que mi amigo Carlos me ha puesto en evidencia con estos datos: la frase es de George Santayana, tal y como lo recoge he Yale Book of Quotations. Copio la entrada que aparece en la página 664:

“Solo la muerte ha visto el fin de la guerra”, de la obra Soliloquies in England and Later Soliloquies (1922). Frecuentemente atribuida a Platón, como en el muro del Imperial War Museum en Londres, en el discurso de despedida del General MacArthur en West Point en 1962 y en la película Black Hawk derribado, pero no aparece en los trabajos de Platón.

Comenta Carlos que esta frase fue la respuesta de Santayana al escuchar esta otra frase del presidente Wilson sobre la Primera Guerra: “Esta es una guerra para finalizar con todas las guerras”.

Magister Dixit: la paz y el reloj de Cuco

Thursday, July 31st, 2008

El tercer hombre es una de las mejores películas de la historia. Retrata la Viena de después de la II Guerra Mundial, con el tráfico de penicilina como trasfondo. La película tiene grandes frases. Pero hay un pasaje ya mítico, en el que Harry Lime (Orson Wells, en su mejor papel) le suelta a su amigo Holly Martins está frase:

 

“En italia cuando mandaban los Borgia hubo mucho terror, guerras y matanzas, pero también fue la época de Miguel Ángel, de Loenardo y del Renacimiento. En Suiza pasó lo contrario: hubo 500 añps de democracia, de amor y de paz. ¿Y cuál fue el resultado? El reloj de cuco. Adiós Holly”

 

Y he aquí la versión original:

 

 

Don’t be so gloomy. After all it’s not that awful. Like the fella says, in Italy for 30 years under the Borgias they had warfare, terror, murder, and bloodshed, but they produced Michelangelo, Leonardo da Vinci, and the Renaissance. In Switzerland they had brotherly love – they had 500 years of democracy and peace, and what did that produce? The cuckoo clock. So long Holly.

Unas recomendaciones para éste día

Wednesday, April 23rd, 2008

No están todos. No está el inicio de Cien años de soledad, ni el de El Quijote. Los que no están quedan en el estante. Veo desde aquí, Fundación, El talento de Mr Ripley, Cosecha Roja, La peste, El hombre que fue jueves, Diez negritos, El Señor de los Anillos, Germinal, Los hermanos Karamazov, La sombra del aguila, El misterio de la cripta embrujada, la antología de poemas de Benedetti…y un lárgo etcétera de libros que merecen ser leídos.

A continuación solo están los inicios de libros que ido picando a golpe de impulso de mi corta biblioteca, como homenaje al libro en el día del libro. Es el único día internacional que celebro.

Al abrir y copiar cada uno de estos fragmentos he recordado momentos que asocio a cada uno de estos libros, no solo cuando las leí sino cuando los recomendé o defendí frente a ataques infundados. Todos ellos me los recomendaron; la mayoría los compré; y algunos fueron regalados, entre ellos el único dedicado por el autor.

Son mis recomendaciones para éste día del libro, pero hay más, muchos más, como las que hacen autores en ELPAÍS.COM . ¿Alguna sugerencia?

La Guerra de Troya, Robert Graves. La guerra de Troya describe todos los males que suelen aparecer a gran escala: ambición, avaricia, sufrimiento, traición, incompetencia. Pero los griegos, aunque nos cuentan con toda franqueza cómo sus antepasaso se arruinaron en esta estúpida campaña de diez años, tampoco consideran a los dioses olímpicos libres de culpa. Según ellos, la guerra les fue impuesta al rey Príamo y al rey Agamenón por una disputa envidiosa entre tres diosas, que el propio Zeus Todopoderoso nos se atrevió a resolver. En otras palabras, fuera del control humano. Los efectos se sintieron en lugares tan lejanos como el norte de Italia, Libia, Etiopía, Armenia y Crimea.

Le Rouge et le Noire, Stendhal. La petite ville de Verrières peut passer pour l’une des plus jolie de la Franche-Comté. Ses maisons blanches avec leurs toits pointus de tuiles rouges, s’etendent sur la pente d’une colline, dont des touffes de vigoureux châtaigniers marquent les moindres sinousités. Les Doubs coule à quelques centaines de pieds au-dessous de ses fortifications bâties jadis par les Espagnols, et maintenant ruinées.

La carretera, Cormac McCarthy. Al despertar en el bosque en medio del frío y la oscuridad nocturnos había alargado la mano para tocar al niño que dormía a su lado. Noches más tenebrosas que las tinieblas y cada uno de los días más gris que el día anterior. Como el primer sintoma de un glaucoma frío empañando el mundo. Su mano subía y bajaba el compás de la preciada respiración.

Au Grand Socco, Joseph Kessel. Au pied du Vieux Tanger, et devant les portes mêmes de la muraille fortifiée qui enferme son labyrinthe de la ruelles étroites, on trouve la place du marché, le Grand Socco.
Cien sonetos de amor, Don Pablo Neruda.

No te quiero sino porque te quiero
y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero
pasa mi corazón del frío al fuego.

Te quiero sólo porque a ti te quiero,
te odio sin fin, y odiándote te ruego,
y la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego.

Tal vez consumirá la luz de enero,
su rayo cruel, mi corazón entero,
robándome la llave del sosiego.

En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego

This Side of Paradise, F. Scott Fitzgerald. Amory Blaine inherited from his mother every trait, except the stray inexpressible few, that made him worth while. His father, an ineffectual, inarticulate man with a taste for Byron and a habit of drowsing over the Encyclopædia Britannica, grew wealthy at thirty through the death of two elder brothers, successful Chicago brokers, and in the first flush of feeling that the world was his, went to Bar Harbor and met Beatrice O’Hara. In consequence, Stephen Blaine handed down to posterity his height of just under six feet and his tendency to waver at crucial moments, these two abstractions appearing in his son Amory. For many years he hovered in the background of his family’s life, an unassertive figure with a face half-obliterated by lifeless, silky hair, continually occupied in “taking care” of his wife, continually harassed by the idea that he didn’t and couldn’t understand her.

Guerra y Paz, Tolstoi “Eh bien, mon prince. Gênes et Luques ne son plus que des apanages posesiones de la famille Buonaparte. Non, je vous préviens que si vous neee me dites pas que nos avons la guerre, si vous vous permettez encore de pallier toutes les infamies, toutes les atrocités de cet Antéchrist (ma parola, j’ y crois), je nee vous connais plus, vous n’êtes plus mon ami, vous n’êtes plus mi devoto esclavo, comme vous dites. Ea, bien venido, bien venidos. Je vois que he vous fais peur. Sientese y charlemos.”

La conjura de los necios, John Kennedy Toole. Una gorra de cazador verde apretaba la cima de una cabeza que era como un globo carnoso. Las orejeras verdes, llenas de unas grandes orejas y pelo sin cortar y de las finas cerdas que brotaban de las mismas orejas, sobresalían a ambos lados como señales de giro que indicasen dos direcciones a la vez. Los labios, gordos y bembones, brotaban protuberantes bajo el tupido bigote negro y se hundían en sus comisuras, en plieguecitos llenos de reproche y de resto de patatas fritas. En la sombra, bajo la visera verde de la gorra, los altaneros ojos azules y amarillos de Ignatius J. Reilly miraban a las demás personas que esperaban bajo el reloj junto a los grandes almacenes D. H. Holmes, estudiando a la multitud en busca de signos de mal gusto en el vestir. Ignatius percibió que algunos atuendos eran lo bastante nuevos y lo bastante caros como para ser considerados sin duda ofensas al buen gusto y la decencia. La posesión de algo nuevo o caro sólo reflejaba la falta de teología y de geometría de una persona. Podía proyectar incluso dudas sobre el alma misma del sujeto.

A Sangre Fría, Truman Capote. El pueblo de Holcomb está en las elevadas llanuras trigueras del oeste de Kansas, una zona solitaria que otros habitantes llaman «allá». A más de cien kilómetros al oeste de la frontera de Colorado, el campo, con sus nítidos cielos azules y su aire puro como el desierto, tiene una atmósfera que se parece más al Lejano Oeste que al Medio Oeste. El acento local tiene un aroma de praderas, un dejo nasal de péon, y los hombres, muchos de ellos, llevan pantalones altos y punta afilada. La tierra es llana y las vistas enormemente grandes; caballos, rebaños de ganado, racimos de blancos silos que se alzan con tanta gracia como templos griegos son visibles mucho antes de que el viajero llegue hasta ellos.

El extranjero, Albert Camus. Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: “Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias.” Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer.

Habitaciones separadas, Luis García Montero.

Aunque tu no lo sepas:
Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo,
iluminando
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos.
Y aunque no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.
También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes,
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuando te marchas.
Aunque tú no lo sepas, te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.
Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por sorpresa.
Así he vivido yo,
como la luz del sueño
que no recuerdas cuando te despiertas.

Las edades de Lulú, Almudena Grandes. Supongo que puede parecer extraño pero aquella imagen, aquella inocente imagen, resultó al cabo el factor más esclarecedor, el impacto más violento.

Crónica de una muerte anunciada, Grabriel García Márquez. El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obismo. Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros. “Siempre soñaba con árboles!, me dijo Plácida Linero, evocando 27 años después los pormenores de aquel lunes ingrato. “La semana anterior había soñado que iba solo en un avión de papel de estaño que volaba sin tropezar por entre los almendros”, me dijo. Tenía ina reputación muy bien ganada de intérprete certera de los sueños ajenos, siempre que los contaran en ayunas, pero no había advertido ningún augurio aciago en esos dos sueños de su hijo, ni en los otros sueños con árboles que él le había contado en las mañana que precedieron a su muerte.

Memorias de Adriano, Marguerite Yourcenar. Querido Marco: He ido esta mañana a ver a mi médico
Hermógenes, que acaba de regresar a la Villa después de un largo viaje por Asia. El examen debía hacerse en ayunas; habíamos convenido en encontrarnos en las primeras horas del día. Me tendí sobre un lecho luego de despojarme del manto y la túnica. Te
evito detalles que te resultarían tan desagradables como a mí mismo, y la descripción del cuerpo de un hombre que envejece y se prepara a morir de hidropesía del corazón. Digamos solamente que tosí, respiré y contuve el aliento conforme a las indicaciones de
Hermógenes, alarmado a pesar suyo por el rápido progreso de la enfermedad, y pronto a descargar el peso de la culpa en el joven Iollas, que me atendió durante su ausencia. Es difícil seguir siendo emperador ante un médico, y también es difícil guardar la calidad de hombre. El ojo de Hermógenes sólo veía en mí un saco de humores, una triste amalgama de linfa y de sangre. Esta mañana pensé por primera vez que mi cuerpo, ese compañero fiel, ese amigo más seguro y mejor conocido que mi alma, no es más que un monstruo solapado que acabará por devorar a su amo. Haya paz… Amo mi cuerpo; me ha servido bien, y de todos modos no le escatimo los cuidados necesarios. Pero ya no cuento, como Hermógenes finge contar, con las virtudes maravillosas de las plantas y el dosaje exacto de las sales minerales que ha ido a buscar a Oriente. Este hombre, tan sutil sin embargo, abundó en vagas fórmulas de aliento, demasiado triviales para engañar a nadie. Sabe muy bien cuánto detesto esta clase de impostura,
pero no en vano ha ejercido la medicina durante más de treinta años. Perdono a este buen servidor su esfuerzo por disimularme la muerte. Hermógenes es sabio, y tiene también la sabiduría de la prudencia; su probidad excede con mucho a la de un vulgar
médico de palacio. Tendré la suerte de ser el mejor atendido de los enfermos. Pero nada puede exceder de los límites prescritos; mis piernas hinchadas ya no me sostienen durante las largas ceremonias romanas; me sofoco; y tengo sesenta años.

Mafalda, de Quino. (Vía | El documentalista enredado)

Todos pierden

Wednesday, February 7th, 2007

Se desbordó un río y un hombre rico se ahogó en él. Un pescador encontró el cadáver. La familia quería comprarlo, pero el pescador pedía mucho dinero. Se lo contaron a Deng Shi, que les dijo: “Podeís estar tranquilos. No hay nadie más a quien pueda venderle lo que ha encontrado.” El pescador estaba preocupado, y se dirigió también a Deng Shi, que volvió a decirle: “Puedes estar tranquilo, en ningún otro sitio pueden comprar el cadáver.”

Deng Shi fue una especie de sofista chino, a los que se oponía Confuncio, mucho más decidido por distinguir qué es lo bueno y qué es lo malo.
Cita extraída de Historia Universal de la Filosofía, de Hans Joachim Störig

T. Roosvelt dixit

Saturday, January 6th, 2007

Una democracia ha de ser progresista o dejará de ser pronto o grande o democrática.
Una lucha agresiva por lo correcto es el más noble de los deportes que el mundo permite.
En un gobierno popular los resultados que merecen la pena sólo pueden conseguirse por hombres que combinen los más valiosos ideales con un práctico buen juicio.
Si tengo que elegir entre la rectitud y la paz,elijo la rectitud.

Via standsalone’s Flickr

Una cita para justificar guerras en nombre de la democracia. ¿Les suena?