Guerra y Paz

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Moeh Atitar de la Fuente

Periodista, fotógrafo y blogger. Más sobre el autor.

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Archive for the ‘Lecturas’ Categora

Crímenes de Von Schirach

Thursday, April 17th, 2014

Puedes ahorrarte leer todo esto que sigue. Son solo palabrejas para recomendarte que leas ‘Crimenes’ de Ferndinand von Schirach.

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La novela negra nos invade; también lo hace también la novela erótica de dudosa calidad literario; nos lo deberíamos de hacer mirar. O no.

Si quieres dedicarte a la literatura tienes que escribir una novela negra. De policías, ladrones y/o criminales. Vale también las de espías, como lector, mis preferidas. El protagonista puede ser un periodista veterano. Allí está el difunto Stieg Larsson y su trilogía Millenium. El modelo lo han perpetuado muchos otros. Es importante meter a un joven que sepa de ordenadores y que sea el contrapunto del veterano, que todo lo sabe, salvo buscar el Google, cómo si eso fuera lo complicado. Algunos parecen que cargan no solo su frustración personal del trabajo inútil de oficina en la que se ha ido convirtiendo el periodismo, sino también el de sus compañeros dedicados enteramente al tema de sucesos. No explican en sus novelas que gran parte del trabajo proviene de chivatazos de policías, porque normalmente los criminales, terroristas y los malos en general no tienen gabinetes de prensa ni ‘community manager’. La policía sí. En la mayoría de los casos no hay detrás investigación periodística alguna. Solo repiten los que les han dicho y parece verosímil. “Fuentes cercanas al caso aseguran” y a correr. No todos, pero sí muchos. En la novela negra protagonizada por periodistas tiene que triunfar la verdad que un poderoso quiere ocultar. David contra Goliat, pero con teclado y solo en la ficción.

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Llegué a ‘Crímenes’ de Ferndinand von Schirach a través de Eduardo Gómez Cuadrado. No conocía a este abogado hasta que alguien retuiteó este artículo de Vice: “No declares en comisaría“, una máxima que me parecía obvia, pero que al parecer  muchos desconocen. Si te detienen, amablemente, diles que ya declaras lo que sea ante el juez. Gómez Cuadrado recomendaba en su twitter la lectura de ‘Crímenes’. Me interesó la perspectiva: un abogado penalista contando casos de su carrera, a modo de relatos cortos. Llegué a este recopilatorio de citas, y en concreto a esta:

Los abogados, en cambio, tratan de buscar una brecha en el edificio de pruebas erigido por la acusación pública. Sus aliados son el azar y la casualidad; su misión, impedir que arraigue prematuramente una verdad sólo aparente. Un agente de policía le dijo una vez a un magistrado de la Corte Federal que los defensores no son más que frenos en el coche de la Justicia. El juez respondió que un coche sin frenos no sirve para nada. Un proceso penal funciona solamente en el marco de este juego de fuerzas.

No volví a acordarme de Crímenes hasta unos días más tarde cuando acompañé a un gran amigo, abogado laboralista, situado más bien en el lado de la empresa, a comprar un libro de legislación sobre el despido, a una de las librerías que hay detrás del Supremo. Y allí estaba Crímenes, nada más entrar, en la única estantería que no era de leyes puras y duras, y que estaba repleta de libros para la distracción de los juristas entre tanto texto plomizo y objetivo. Mi amigo, entusiasmado con que fuera a leer algo sobre abogados, decidió regalármelo.

Me leí el libro en una mañana. Cada capítulo es un caso concreto en la que el abogado solo se limita a contar, sin casi adjetivos, algo que se agradece entre tanta metáfora que inunda los periódicos. Tampoco aparece ni un solo periodista. Sin metáforas ni periodistas en busca de la verdad.  Una máxima, que arranca desde el prólogo, recorre toda la obra: “La mayoría de los cosas son complicadas, y la culpabilidad es siempre un asunto peliagudo”. Cada final te deja mal cuerpo.

Le transmití a mi amigo el entusiasmo que me había causado el libro. “¿Por qué no te hiciste penalista?”, le pregunté.  “Demasiado duro. Demasiado duro.”, me respondió.

Sin Benedetti

Monday, May 18th, 2009

Murió Mario Benedetti. Sobra decir que fue grande, que sus poemas, como los de Machado, Neruda, Cernuda o García Montero, me ayudaron a ver que hay sentimientos que todo el mundo tiene, que todo el mundo comparte, y que solo unos pocos saben darle forma con palabras, y que de esos los menos aciertan ordenándolas en versos.

Todos los años esperaba que a Benedetti le dieran el premio Cervantes; sonaba en casi todas las quinielas, pero se fue sin recibirlo. Una lástima para ese premio, porque a él no le hacía falta. Nos quedan todos sus poemas, su prosa, su mordaz ironía, su sentido del humor, su desgarro político, y sobre todo el amor que transmitía cuando hablaba sobre todo de amor.

He recordado en su muerte una anécdota. Un día, en un coche con unos jóvenes políticos argentinos que habían venido a hacer unos cursos, nos pusimos a hablar de literatura. Borges, Mario Vargas Llosa, García Márquez, Benedetti… “un gran poeta argentino, desde luego”, dijo uno de ellos. “Pero si no es argentino, es uruguayo”, corregí. “Sí, claro, uruguayo, de la provincia díscola”, sentenció entre carcajadas.

“La vida es una máquina / para la que no hay respuestas / ni repuestos”, escribió Don Mario en su último libro. Y sin embargo en él yo solo leía respuestas.

En Cervantes Virtual se puede escuchar una gran selección de poemas recitados por el propio Benedetti. De los mejores, “Táctica y Estrategia“.

Unas recomendaciones para el día del libro

Thursday, April 23rd, 2009

Reviso lo que he leído éste último año para hacer unas recomendaciones en éste día del libro:

Millennium (I y II): La literatura de Stieg Larsson aparentemente no es gran literatura. Es una literatura de entretenimiento, de intriga, pero bien forjada.  Ahora estoy enganchado a la segunda parte, y consigue eso: entretener que devores las páginas.

— Wojciech Jagielski: este periodista polaco ha sido uno de los descubrimientos de este año. Una oración por la lluvia (Afganistán) y Un buen lugar para morir (Cáucaso) ha hecho que muchos lo sitúen a la altura de su mentor Ryszard Kapuscinski (yo creo que hasta le supera).

Libro de viejo (publicada en MOEH.es), y realizada el pasado mes de marzo

The Iron Wall: imprescindible para conocer cómo se forjó la historia y los mitos del estado de Israel desde los primeros pasos del sionismo.

— Dos comic: Le Photographe es una de esas joyas a las que dedicaré un post un día de estos. Guibert Lefèvre y Lemercier combinan el dibujo de este y la fotografía de aquel para contar las aventuras de un fotógrafo (Lefèvre) que acompaña a una misión de Médicos Sin Frontera al Afganistán invadido por la URSS. El sugudo comic, también francófono, es La Guerre de Alan (son tres tomillos) , dónde Emmanuel Gilbert cuenta la vida de un joven soldado estadounidense en la Segunda Guerra Mundial.

Historias de Nueva York, de Enirc González, imprescindible para los que ya estuvieron en la Gran Manzana, pero también para los que están por ir.

Y vosotros, ¿qué libro que os habéis leído este año recomendaríais?

El factor barba, por Wojciech Jagielski

Sunday, March 29th, 2009

Es curioso que, en cuanto estalla una revolución, los hombres dejan de afeitarse. No es solo cuestión de comodidad o que lo impongan las condiciones. En los ejércitos regulares, los soldados se afeitan incluso en el frente; los guerrilleros nunca, o raramente. La barba es un símbolo de la revolución. Suele ocurrir que los defensores del viejo orden van perfectamente afeitados mientras que os rebeldes se dejan barba. Larga o corta, la barba en el rostro del guerrillero constituye una especie de mensaje, el cual viene a decir que en ese momento solo importa la lucha, la causa, y que concentra todas sus energías en un objetivo de rango superior. Todo lo demás ha de quedar a un lado.
La barba de Dzhaba Ioseliani era para mí el barómetro de la atmósfera política de Georgia. La cara bien afeitada de Dzhaba significaba que la situación se encontraba relativamente estable; pero cuando se dejaba ver con su barba canosa creciendo en las mejillas, entonces uno podía tranquilamente escribir en las crónicas que en Georgia se avecinaba una nueva guerra.

Wojciech Jagielski es un corresponsal de guerra polaco que trabaja para el Gazeta Wyborcza (lástima no entender polaco). Éste fragmento pertenece al libro Un buen lugar para morir. Historias de Cáucaso (Editorial Debate), prologado por Ryszard Kapuscinski, de quien hereda la tradición del corresponsal que cuenta lo que ve, pero que , a mi juicio, le llega a superar. En español sólo hay dos libros traducidos: éste aquí recogido, y Una oración por la lluvia. Historias de Afganistán. La estructura y el estilo es muy parecido en ambos libros: a partir de historias cotidianas de personajes (con trascendencia histórica o sin ella), explica el contexto de conflictos difíciles de explicar. No renuncia a la Historía con mayúscula, pero el objetivo son siempre las personas.

Rodolfo Walsh antes que Truman Capote

Sunday, February 15th, 2009

Dicen que los argentinos presumen de haberlo inventado todo. Un absurdo que algunas veces tiene algo de verdad. Sucede con el nuevo periodismo: nueve años antes que Truman Capote lo inaugurara bombo y platillo con A Sangre Fría, un argentino escribió una novela que respondía con creces a los rasgos de ese estilo fresco, que funde periodismo y novela.

Operación Masacre (1957): así se llama el libro de Rodolfo Walsh (1927 – 1977), ese argentino que adelantó a Capote. Narra los fusilamientos de José León Suárez. A través del testimonio de varios supervivientes Walsh reconstruye la escalofriante historia de abusos por la que un grupo de personas es conducida a un descampado para ser ejecutados, al margen incluso de una ley marcial. La novela — o más bien el gran reportaje — es un alegato contra la servidumbre de los periódicos de la época que silenciaron los hechos y un denuncia al poder, que logró que los culpables salieran impunes. Pero sobre todo es el esfuerzo de un periodista por llegar a esa meta que llaman verdad, y que nunca se alcanza a atravesar del todo.

La propia biografía de Walsh es también escalofriante, se movió entre la política — fue peronista, perteneciente a los Montoneros — y la escritura. La carta abierta de un escritor a la junta militar (“estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles”) fue su sentencia de muerte: en marzo de 1977 desapareció, y hay testimonios de supervivientes de la Escuela de Mecánica de la Armada que aseguran que su cadáver, acribillado a balazos, fue exhibido al resto de presos. “Rodolfo Walsh, o como no ser un hombre cualquier”, artículo de Leíla Guerriero en Babelia, fue el que me descrubrio Operación Masacre que por primera vez — ¡¡ 51 años más tarde!! — se publica en España por 451 Editores.

Einstein

Wednesday, January 7th, 2009

“Nos hemos reunido hoy para conmemorar a una comunidad milinaria, sus problemas y su futuro. Es una comunidad milenaria, sus problema y su futuro. Es una comunidad de tradición moral, que en momentos de tribulación demostró siempre su fortaleza y su amor a la vida. De ella han salido hombres que encarnaron la conciencia del mundo occidental, y que difundieron la dignidad humana y la justicia.

Mientras esta comunidad nos importe, se perpetuará para la salud de la humanidad, aunque su organización no sea formal. Hace algunas décadas hombres de claro entendimiento, como Herzl, pensaron que teníams necesidad de un centro espiritual desde el cual mantener el sentimeinto de solidaridad en los tiempos más difíciles. De allí surgió la idea sionista y la obra de asentarse en Palestina, cuya realización, o al menos cuyo prometedor comienzo está ante los ojos.

He visto con satisfacción y alegría hasta que punto ella contribuye al saneamiento del pueblo judía. Minoritario dentro de las naciones que habita, éste está expuesto no solo a las dificultades externas sino a peligros íntimos de tipo psicológico.

Durante los últimos años la obra de construcción conoció una crisis que pesó gravemente sobre todos, y todavía no ha sido superada. Pero las últimas noticias demuestan que el mundo, y en particular el gobierno inglés, están dispuestos a reconocer lo que significa nuestra meta sionista. En este mismo momento, tenemos un pensamiento de gratitud hacia Weizmann, que ha permitido el éxito de la causa por una devoción y una prudencia totales.

Las dificultades tuvieron también consecuencias benéficas. Han ratificado el poder de los lazos que unen a los judíos de todos los países, sobre todo en cuanto concierne a nuestro destino. Han aclarado nuestro modo de ver el problema palestino, limpiándolo de las impurezas de una ideología nacionalista. Quedó claramente proclamado que nuestro objetivo no es la creación de una comunidad política, sino que conforme a la tradición del judaísmo, es una meta cultural en el sentido más amplío de la palabra. Para lograrlo debemos resolver con nobleza, abierta y dignamente, el problema de la convivencia con el pueblo hermano de los árabes. Es la ocasión de probar lo aprendido a través de milenios en nuestro dificultoso pasado. Si descubrimos el recto camino triunfaremos, y podremos dar un bello ejemplo a todos los pueblos.

Lo que hacemos por Palestina lo hacemos también por la dignidad y la moral de todo el pueblo judío.

(…)

Especial atención merecen nuestras relaciones con el pueblo árabe. Fomentándolas podremos evitar en el futuro la formación de tensiones peligrosas, que podrán ser utilizadas para provocar ataques de nuestros enemigos. Es una meta fácil de alcanzar ya que nuestra tarea se ha encarado de modo que favorezca también a los árabes.”

Albert Einstein, de un discurso pronunciado en Londres, en algún momento antes de la creación del estado de Israel. Recogido en Mi visión del Mundo, editado por Tusquets. Las  negritas son mías.

Las elecciones de Estados Unidos vistas por Isaac Asimov

Wednesday, September 17th, 2008

En 1955 If, revista dedicada a la ciencia ficción, publicaba Franchise, un relato de Isaac Asimov. En esas páginas el prolijo escritor y divulgador narraba las elecciones del 4 de noviembre de 2008, las elecciones que viviremos en menos de cincuenta días.

Una imagen de como sería la Multivac, tomada de Future Living. Además de aparecer en otros relatos de Asimov, Multivac ha dado nombre a maquinas reales, pero alejadas de lo imaginado por el escritor estadounidense.

Pero en Franchise no están ni Obama, ni McCain ni tan siquiera los votantes. Asimov imagina todo el proceso reducido y simplificado a la acción de una máquina, Multivac, nombre usado por el escritor para dar nombre a varios artilugios en sus cuentos. En esta ocasión,  la maquina es la piedra angular de la “mayor democracia electrónica del mundo”. Ella se encarga de seleccionar un elector varón (sí, excluye a las mujeres), entre 20 y 60 años, para que sea quien decida quién es el mejor candidato para ocupar el despacho oval.

Multivac sopesa toda clase de factores conocidos, millones de ellos. Pero existe un factor desconocido, y creo que seguirá siéndolo por mucho tiempo. Dicho factor es el módulo de reacción de la mente humana. Todos los norteamericanos están sometidos a la presión moldeadora de lo que los otros norteamericanos hacen y dicen, de las cosas que a él se le hacen y de las que él hace a los  demás. Cualquier norteamericano puede ser llevado ante Multivac para determinar la tendencia de todas las demás mentes del país. En un momento dado, algunos norteamericanos resultan mejores que otros a tal fin. Eso depende de los acontecimientos del año. Multivac le seleccionó a usted como al más representativo del actual. No el más despejado, ni el más fuerte, ni el más dichoso, sino el más representativo.

En Franchise le toca el honor de ser el votante del año a Norman Muller, un empleado de unos almancenes en el estado de Indiana.  Durante el relato recibe la presión de su mujer para que saque provecho de esa situación, pero también de su padre, un anciano que ha votado de manera tradicional y sin la mediación  de una maquina. Asimov sitúa el origen de esta democracia electrónica en la impaciencia de soportar todo el proceso electoral:

Pero mira, a veces llevaba toda la noche contar…, sí, hacer el recuento de lo que opinaban unos y otros, a quién habían votado. Todo el mundo se impacientaba. Por ello se inventaron máquinas especiales, capaces de comparar los primeros votos con los de los mismos lugares en años anteriores. De esta manera, la máquina preveía cómo se presentaba la votación en su conjunto y quién sería elegido.

Para simplificar aún más el proceso se construyó Multivac que selecciona a un único votante, en este caso el señor Muller. Pero el votante no decide directamente quién es el mejor candidato. La maquina le somete a una batería de preguntas, entre ellas por ‘¿qué le parece el precio de los huevos?’. El votante del año no tiene porque decir la verdad, ya que Multivac evalúa la respuesta a partir de una serie de variables:

No se trata en absoluto de detección de mentiras, sino de una simple medida de la intensidad emotiva. Por ejemplo, si la máquina le pregunta su opinión sobre la escuela de su pequeña, quizá conteste usted: «A mi entender, está atestada». Mas ésas son sólo palabras. Por la manera en que reaccionen su cerebro, corazón, hormonas y glándulas sudoríparas, Multivac juzgará con exactitud con qué intensidad se interesa usted por la cuestión. Descubrirá sus sentimientos, los traducirá mejor que usted mismo.

Para evitar influencias del exterior el votante del año es aislado en su casa, sin acceso a ningún medio de comunicación (la prensa escrita sigue existiendo en la imaginación de Asimov, así como la televisión, pero no hay rastro de Internet ni de teléfonos móviles) sin poder salir y con la protección del servicio secreto, tal y cómo ahora reciben los candidatos mismos. El señor Muller tiene además que guardar el secreto de todo el proceso.

El cuento termina con esta frase: “En este mundo imperfecto, el pueblo soberano de la primera y mayor Democracia Electrónicahabía ejercido una vez más, a través de Norman Muller (a través de él), su libre derecho al sufragio universal”. Me consuela que Asimov se haya equivocado tanto…

* El relato íntegro en español — titulado Sufragio Universallo podéis leer aquí, en pdf.

Mi nombre es Fleming, Ian Fleming, ¿se acuerdan?

Wednesday, May 28th, 2008

Hoy es el centenario del nacimiento de Ian Fleming, el escritor conocido como el padre de James Bond, el espía de ficción más popular del mundo. Intenten comprar cualquiera de sus novelas hoy en España: no tendrán éxito: ninguna editorial ha tenido el ojo comercial de reeditar las novelas de Fleming, y eso que todos los libreros consultados sueltan la coletilla:”siempre se vende como churros”. Así que a todo el mundo le tocará acordarse del padre de James, pero nadie, neofito lector al menos, podrá hacerse con parte de su obra. Les quedará las bibliotecas y los de segunda mano.

A Fleming le hubiera gustado ser Bond. Pero no se crean que tuvo una vida aburrida, como escucharán, leerán y verán hoy en todos los medios.

Nació el 28 de mayo de 1908 en el seno de una familia rica. Su padre, miembro del Parlamento británico, murió en la Gran Guerra cuando él no había cumplido los 10 años. Su madre, Valentine Fleming, debía guardar la herencia para luego darsela a sus hijos, con lo que Ian no pudo disfrutar de la opulencia que luego derrochó en sus novelas. Además, tenía un hermano mayor, Peter, mal negocio para los herederos de familias tan nobles.

En el colegio de Eton – vivero de la clase política y de parte de los grandes espías británicos – el joven Ian fue un destacado atleta, algo innoble para todo un Fleming. Luego llegó el Ejército, donde pasó sin pena ni gloria, y una etapa en Austria donde olvidó sus orígenes y pudo empezar a vivir en pleno estado puro.

Dos constantes movían al joven Fleming: primero quería aventura, mucha aventura; segundo, quería tener una vida de lujo y para el lujo. ¿Les suena verdad? Cierto, era lo que luego sería su personaje, James Bond.

Así Ian llegó a estar en la plantilla de Reuters, a la sombra de su hermano Peter, que por aquel entonces cosechaba todo el éxito como viajero, aventurero y reportero. Sin aventuras – salvo al perecer un juicio que cubrió en Rusia – Ian decidió volver a Inglaterra a hacerse rico: así se metió a trabajar en la banca.

Mujeres, juergas y lujo ocuparon esta etapa de Ian, hasta que empezó la guerra: allí entraría de lleno en el mundo de la inteligencia, labrada previamente con sus relaciones con los servicios exteriores, donde intentó ingresar, y al parecer, solo al parecer, fracasó. Fleming pasó toda la Segunda Guerra Mundial como asistente del almirante John Henry Godfrey, cabeza de la inteligencia Naval, arma de la que por cierto, procedería James Bond.

Bien entrada la guerra, Fleming, con el rango de comandante, pone en marcha la 30 Unidad de Asalto, especializada en acciones de comando tras las líneas enemigas, y que estaba integrado por agentes que son el modelo para los doble cero, del que Bond sería el mejor exponente.

Fleming idea, además, la operación Goldeneye, diseñada para asegurar que Gran Bretaña pudiera comunicarse con Gibraltar en caso de que España se decidiera a ser aliada de los alemanes. Con ese nombre, que es el de un pájaro, bautizará años más tarde su casa en la paradisiaca Jaimaca.

Más allá de sus servicios al Reino Unido y a su Majestad, Ian Fleming puede ser considerado sino uno de los padres de la OSS (el embrión de la CIA) si uno de los que asesoró más estrechamente a William Joseph Donovan, el padre de la CIA.

Con todo este bagaje a Fleming – que no paró de rodearse del lujo, con las limitaciones de la guerra, y de mujeres hermosas, o al menos intentarlo – solo le quedaba crear a su personaje.

Trasladado a la paradisíaca Jamaica, Fleming empezó a escribir Casino Royal, la primera entrega de James Bond, en 1952 mientras esperaba que Anne Rothermere, mujer que esperaba un hijo suyo, conseguía divorciarse. Para el nombre su agente eligió el de un ornitólogo estadounidense, una de sus pasiones, junto al golf.

Así nació Bond, el éxito de un hombre que quiso ser su personaje, pese a tener una vida muy alejada de lo convencional. El alcohol y el tabaco le acompañaron, hasta su muerte el 12 de agosto de 1964 a la edad de 56 años, y con 14 novelas del agente secreto más conocido de la historia.

Este éxito se debe sobre todo a las adaptaciones cinematográficas, muchas de ellas alejadas del espíritu de James Bond en blanco sobre negro, que no sólo bebía Martini con Vodka (que bautiza en Casino Royal como vesper, el nombre de una mujer que aparece en la novela), sino también bourbon (por muy británico que fuera), y jamás té, que consideraba la ruina del imperio británico.

En su tierra, una exposición recuerda la figura de Ian Fleming. Ahora, aprovechando el tirón del centenario de Ian Fleming, el escritor Sebastian Faulks ha escrito una nueva entrega de James Bond, Devil May Care. Lo leeré, pero no creo que sea lo mismo.

Enlaces relacionados:

Frases de James Bond, por película (en inglés).
— Página del Ian Fleming Center.
Archivo 007.
— ¿Los sabes todo de James Bond? ¿Seguro?
La tumba de Ian Fleming.

 

Unas recomendaciones para éste día

Wednesday, April 23rd, 2008

No están todos. No está el inicio de Cien años de soledad, ni el de El Quijote. Los que no están quedan en el estante. Veo desde aquí, Fundación, El talento de Mr Ripley, Cosecha Roja, La peste, El hombre que fue jueves, Diez negritos, El Señor de los Anillos, Germinal, Los hermanos Karamazov, La sombra del aguila, El misterio de la cripta embrujada, la antología de poemas de Benedetti…y un lárgo etcétera de libros que merecen ser leídos.

A continuación solo están los inicios de libros que ido picando a golpe de impulso de mi corta biblioteca, como homenaje al libro en el día del libro. Es el único día internacional que celebro.

Al abrir y copiar cada uno de estos fragmentos he recordado momentos que asocio a cada uno de estos libros, no solo cuando las leí sino cuando los recomendé o defendí frente a ataques infundados. Todos ellos me los recomendaron; la mayoría los compré; y algunos fueron regalados, entre ellos el único dedicado por el autor.

Son mis recomendaciones para éste día del libro, pero hay más, muchos más, como las que hacen autores en ELPAÍS.COM . ¿Alguna sugerencia?

La Guerra de Troya, Robert Graves. La guerra de Troya describe todos los males que suelen aparecer a gran escala: ambición, avaricia, sufrimiento, traición, incompetencia. Pero los griegos, aunque nos cuentan con toda franqueza cómo sus antepasaso se arruinaron en esta estúpida campaña de diez años, tampoco consideran a los dioses olímpicos libres de culpa. Según ellos, la guerra les fue impuesta al rey Príamo y al rey Agamenón por una disputa envidiosa entre tres diosas, que el propio Zeus Todopoderoso nos se atrevió a resolver. En otras palabras, fuera del control humano. Los efectos se sintieron en lugares tan lejanos como el norte de Italia, Libia, Etiopía, Armenia y Crimea.

Le Rouge et le Noire, Stendhal. La petite ville de Verrières peut passer pour l’une des plus jolie de la Franche-Comté. Ses maisons blanches avec leurs toits pointus de tuiles rouges, s’etendent sur la pente d’une colline, dont des touffes de vigoureux châtaigniers marquent les moindres sinousités. Les Doubs coule à quelques centaines de pieds au-dessous de ses fortifications bâties jadis par les Espagnols, et maintenant ruinées.

La carretera, Cormac McCarthy. Al despertar en el bosque en medio del frío y la oscuridad nocturnos había alargado la mano para tocar al niño que dormía a su lado. Noches más tenebrosas que las tinieblas y cada uno de los días más gris que el día anterior. Como el primer sintoma de un glaucoma frío empañando el mundo. Su mano subía y bajaba el compás de la preciada respiración.

Au Grand Socco, Joseph Kessel. Au pied du Vieux Tanger, et devant les portes mêmes de la muraille fortifiée qui enferme son labyrinthe de la ruelles étroites, on trouve la place du marché, le Grand Socco.
Cien sonetos de amor, Don Pablo Neruda.

No te quiero sino porque te quiero
y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero
pasa mi corazón del frío al fuego.

Te quiero sólo porque a ti te quiero,
te odio sin fin, y odiándote te ruego,
y la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego.

Tal vez consumirá la luz de enero,
su rayo cruel, mi corazón entero,
robándome la llave del sosiego.

En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego

This Side of Paradise, F. Scott Fitzgerald. Amory Blaine inherited from his mother every trait, except the stray inexpressible few, that made him worth while. His father, an ineffectual, inarticulate man with a taste for Byron and a habit of drowsing over the Encyclopædia Britannica, grew wealthy at thirty through the death of two elder brothers, successful Chicago brokers, and in the first flush of feeling that the world was his, went to Bar Harbor and met Beatrice O’Hara. In consequence, Stephen Blaine handed down to posterity his height of just under six feet and his tendency to waver at crucial moments, these two abstractions appearing in his son Amory. For many years he hovered in the background of his family’s life, an unassertive figure with a face half-obliterated by lifeless, silky hair, continually occupied in “taking care” of his wife, continually harassed by the idea that he didn’t and couldn’t understand her.

Guerra y Paz, Tolstoi “Eh bien, mon prince. Gênes et Luques ne son plus que des apanages posesiones de la famille Buonaparte. Non, je vous préviens que si vous neee me dites pas que nos avons la guerre, si vous vous permettez encore de pallier toutes les infamies, toutes les atrocités de cet Antéchrist (ma parola, j’ y crois), je nee vous connais plus, vous n’êtes plus mon ami, vous n’êtes plus mi devoto esclavo, comme vous dites. Ea, bien venido, bien venidos. Je vois que he vous fais peur. Sientese y charlemos.”

La conjura de los necios, John Kennedy Toole. Una gorra de cazador verde apretaba la cima de una cabeza que era como un globo carnoso. Las orejeras verdes, llenas de unas grandes orejas y pelo sin cortar y de las finas cerdas que brotaban de las mismas orejas, sobresalían a ambos lados como señales de giro que indicasen dos direcciones a la vez. Los labios, gordos y bembones, brotaban protuberantes bajo el tupido bigote negro y se hundían en sus comisuras, en plieguecitos llenos de reproche y de resto de patatas fritas. En la sombra, bajo la visera verde de la gorra, los altaneros ojos azules y amarillos de Ignatius J. Reilly miraban a las demás personas que esperaban bajo el reloj junto a los grandes almacenes D. H. Holmes, estudiando a la multitud en busca de signos de mal gusto en el vestir. Ignatius percibió que algunos atuendos eran lo bastante nuevos y lo bastante caros como para ser considerados sin duda ofensas al buen gusto y la decencia. La posesión de algo nuevo o caro sólo reflejaba la falta de teología y de geometría de una persona. Podía proyectar incluso dudas sobre el alma misma del sujeto.

A Sangre Fría, Truman Capote. El pueblo de Holcomb está en las elevadas llanuras trigueras del oeste de Kansas, una zona solitaria que otros habitantes llaman «allá». A más de cien kilómetros al oeste de la frontera de Colorado, el campo, con sus nítidos cielos azules y su aire puro como el desierto, tiene una atmósfera que se parece más al Lejano Oeste que al Medio Oeste. El acento local tiene un aroma de praderas, un dejo nasal de péon, y los hombres, muchos de ellos, llevan pantalones altos y punta afilada. La tierra es llana y las vistas enormemente grandes; caballos, rebaños de ganado, racimos de blancos silos que se alzan con tanta gracia como templos griegos son visibles mucho antes de que el viajero llegue hasta ellos.

El extranjero, Albert Camus. Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: “Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias.” Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer.

Habitaciones separadas, Luis García Montero.

Aunque tu no lo sepas:
Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo,
iluminando
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos.
Y aunque no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.
También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes,
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuando te marchas.
Aunque tú no lo sepas, te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.
Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por sorpresa.
Así he vivido yo,
como la luz del sueño
que no recuerdas cuando te despiertas.

Las edades de Lulú, Almudena Grandes. Supongo que puede parecer extraño pero aquella imagen, aquella inocente imagen, resultó al cabo el factor más esclarecedor, el impacto más violento.

Crónica de una muerte anunciada, Grabriel García Márquez. El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obismo. Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros. “Siempre soñaba con árboles!, me dijo Plácida Linero, evocando 27 años después los pormenores de aquel lunes ingrato. “La semana anterior había soñado que iba solo en un avión de papel de estaño que volaba sin tropezar por entre los almendros”, me dijo. Tenía ina reputación muy bien ganada de intérprete certera de los sueños ajenos, siempre que los contaran en ayunas, pero no había advertido ningún augurio aciago en esos dos sueños de su hijo, ni en los otros sueños con árboles que él le había contado en las mañana que precedieron a su muerte.

Memorias de Adriano, Marguerite Yourcenar. Querido Marco: He ido esta mañana a ver a mi médico
Hermógenes, que acaba de regresar a la Villa después de un largo viaje por Asia. El examen debía hacerse en ayunas; habíamos convenido en encontrarnos en las primeras horas del día. Me tendí sobre un lecho luego de despojarme del manto y la túnica. Te
evito detalles que te resultarían tan desagradables como a mí mismo, y la descripción del cuerpo de un hombre que envejece y se prepara a morir de hidropesía del corazón. Digamos solamente que tosí, respiré y contuve el aliento conforme a las indicaciones de
Hermógenes, alarmado a pesar suyo por el rápido progreso de la enfermedad, y pronto a descargar el peso de la culpa en el joven Iollas, que me atendió durante su ausencia. Es difícil seguir siendo emperador ante un médico, y también es difícil guardar la calidad de hombre. El ojo de Hermógenes sólo veía en mí un saco de humores, una triste amalgama de linfa y de sangre. Esta mañana pensé por primera vez que mi cuerpo, ese compañero fiel, ese amigo más seguro y mejor conocido que mi alma, no es más que un monstruo solapado que acabará por devorar a su amo. Haya paz… Amo mi cuerpo; me ha servido bien, y de todos modos no le escatimo los cuidados necesarios. Pero ya no cuento, como Hermógenes finge contar, con las virtudes maravillosas de las plantas y el dosaje exacto de las sales minerales que ha ido a buscar a Oriente. Este hombre, tan sutil sin embargo, abundó en vagas fórmulas de aliento, demasiado triviales para engañar a nadie. Sabe muy bien cuánto detesto esta clase de impostura,
pero no en vano ha ejercido la medicina durante más de treinta años. Perdono a este buen servidor su esfuerzo por disimularme la muerte. Hermógenes es sabio, y tiene también la sabiduría de la prudencia; su probidad excede con mucho a la de un vulgar
médico de palacio. Tendré la suerte de ser el mejor atendido de los enfermos. Pero nada puede exceder de los límites prescritos; mis piernas hinchadas ya no me sostienen durante las largas ceremonias romanas; me sofoco; y tengo sesenta años.

Mafalda, de Quino. (Vía | El documentalista enredado)

Ángel González

Saturday, January 12th, 2008

Muerte en el olvido

Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.

Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.

Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita…

Ángel González (Oviedo 3 de septiembre 1925 – Madrid, 12 de enero 2008)