Guerra y Paz

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Moeh Atitar de la Fuente

Periodista, fotógrafo y blogger. Más sobre el autor.

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Archive for November, 2012

Neda no era Neda

Friday, November 16th, 2012

Los medios viven inmersos en la obsesión de que toda noticia o persona que la protagoniza tiene que tener una foto o una imagen. Esa obsesión se ha visto alimentada con todo este universo digital. Antes eran los periodistas del medio o las agencias las que proporcionaban esas imagenes. Si había un muerto de por medio, acudían a la familias o amigos para que les proporcionara una foto del difunto. Un veterano de noticias de sucesos me confesó un día que en su vida había robado muchas fotos de las casas de difuntos noticiosos.

Ahora también robamos, pero sin entrar en las casas. Si pasa algo, los editores gráficos corremos al oráculo  y le preguntamos por la imagen. Muchos no dudan en asaltar Facebook o cualquier otra red social y robar (sí, es un robo) la imagen. Ya puestos, casi no se contrasta si esa persona que han descubierto es o no la protagonista de la noticia. Tenemos la imagen, ¿cómo nos vamos a llevar el chafón de que esa no es la persona que realmente buscamos?

Algo así debió pasar en el caso de Neda; murió apaleada durante una protesta de aquella revolución verde iraní, aquella que nos empeñamos en decir que era una revolución digital a golpe de Twitter. El vídeo de su muerte, subido por un videoaficionado a la red, recorrió el mundo entero. Las imagenes valieron una mención especial en los World Press Photo de ese año.

Teníamos la cara de ella destrozada por los golpes. Pero nos faltaba su imagen sonriente. Algún iluminado se metió en Facebook y se topó con una tipa con pañuelo, que se llamaba [casi] igual y vivía en Irán. ‘Es ella’, se dijo satisfecho. Es posible que la subiera, a su vez, a Twitter, y entonces mucha gente dijera al unísono: ‘Es ella’. Editores de medios de comunicación con cierta credibilidad llegaron a la misma conclusión, porque ahora lo que dice Twitter  es verdad, y para qué contrastar . Y esa imagen pasó a ser el retrato de ella, que no era ella.

Neda Soltani (izquierda) and Neda Agha-Soltan (derecha)

Ella, la del retrato, no estaba muerta. Se llama Neda Agha-Soltan. Pero ese fallo encadenado, esa mentira multiplicada hasta convertirse en verdad, la puso en un brete: el régimen iraní la acusó de simular su muerte y ella, ajena a todo esto, tuvo que dejar su país.

Todo un drama humano causado gracias a la obsesión de tener una imagen de toda cosa que pasa.

Tres años más tarde cuenta su historia a la BBC. | vía PetaPixel

Arantza

Monday, November 12th, 2012

Conocí a Arantza primero por teléfono. Trabajábamos en la misma empresa (Prisacom), pero en edificios distintos, ella en deportes y yo en la mesa central.

Recuerdo el día que murió el futbolista Puerta. La información arrancaba con un ‘los peores augurios se han cumplido’. A nuestra jefa de entonces, Vanessa, le pareció que esa frase era una frase demasiado hecha y me pidió que les llamara para que se cambiara; pocos horas más tarde, un atleta español (ya no recuerdo ni cómo se llamaba) no se clasificó para una prueba en la final de los mundiales o europeos de atletismo. La crónica arrancaba con un ‘no pudo ser’. Y se repitió la misma llamada.

No recuerdo si al otro lado estaba ese día Arantza, pero tuvimos conversaciones de esas de ‘quita, pon’, durante algún tiempo. Ella también llamaba para vender las piezas de deportes, avisar de las erratas que metíamos en portada o de cualquier destrozo, muchos de ellos causados por mi. Cada vez que colgaba, me contó tiempo más tarde, echaba exabruptos contra mi persona: ‘¿Moeh?, el Moeh este es un…’ Y así durante unos meses.

Nos conocimos en un sarao de empresa, no sé si en la cena de Navidad (por entonces había cestas y se celebran cenas pagadas por la patronal). ‘¿Tu eres Moeh?’, me dijo. Creo que esperaba a un monstruo o a un tipo con cola de demonio. Pero nos caímos mejor que bien. Afianzó nuestra amistad su traslado a Miguel Yuste. Sufrimos los primeros Juegos Olímpicos juntos, aquellos de Pekín; luego grandes premios de F-1, todo el fútbol habido y por haber, mundiales, eurocopas…Horas y horas de trabajo, muchas más de las que fija un contrato, muchas trabajando para que luzca más el trabajo de otros.

Estábamos uno para el otro; despotricábamos contra las injusticias que vivíamos en primera persona; hablamos (y nos asesorábamos) sobre el amor, sobre la vida; ella estuvo a mi lado en los peores momentos de mi vida; también en todas las alegrías y casi todas las fiestas y juergas, muchas, pero nunca demasiadas. ‘Moeh, somos Zipi y Zape’, me soltó un día en la cafetería mientras se tomaba una manzanilla, algo muy suyo. ‘¿Quién es el rubio y quién es el moreno?’, añadió partiéndose de risa.

El sábado la llamé para decirle que compartía lista con otras 128 compañeros. Lo hice llorando. Y fue ella la que me consoló: le brota la valentía vasca por todas sus venas.

Releo lo que escribo y parece una elegía. Pero Arantza está más que viva y entera. Es una gran periodista y mejor persona. Ahora parece que soy yo el que usa los tópicos al escribir (Vanessa, perdóname), pero a veces son los tópicos los que mejor funcionan porque son los que mejor se entienden.

Ya no vendrá a mi sitio a decirme ‘invítame a un agua’. Tampoco serán en esas paredes donde nos consolemos. No será en Miguel Yuste donde compartamos esos cafés, esas manzanillas ni los homenajes culinarios a los que ella siempre se empeña en invitar. Será en otros sitios, sin moqueta, y con la ventaja de que el periódico no ocupará ya tanto tiempo en nuestras conversaciones.

Te quiero, te aprecio. A por todas Arantza. Tu y tantos amigos, como Txetxo, Julio, Gallito, Carmen, Gloria, Ibañez, Manu, Toño, Oli, Aitor, Abel, Lobo y un puto largo etc.