Guerra y Paz

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Moeh Atitar de la Fuente

Periodista, fotógrafo y blogger. Más sobre el autor.

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Felici: el primer fotógrafo de un papa

Moeh Atitar de la Fuente - Wednesday 13 de March de 2013

Si El Vaticano tiene algo es tradición. Allí están, por ejemplo, los guardias suizos que guardan las espaldas de los papas desde el siglo XV. Se confirmaron en el puesto cuando protegieron al papa el 6 de mayo de 1527 durante el asedio de las tropas de Carlos V. Las tropas debían de estar más pendientes del saqueo de las joyas vaticanas y de la violación de novicias que de ir a por la cabeza del papa. Defendiendo el palacio de Sant Angelo murieron 42 de los 150 soldados.

Con la fotografía a El Vaticano casi le pasa lo mismo.

El Vaticano ha necesitado la fotografía fundamentalmente como proyección de poder. Antes usó la pintura para esa función. Fue Pio IX (el del pastel) el primer papa en ser fotografiado. Su papado (1846-1878) coincidió con el desarrollo más incipiente de la fotografía y uno de los que le pudo retratar fue Giuseppe Felici.

Pio IX, retratado por Felici

Pio IX, retratado por Felici

Felici (1839-1923) era hijo de un rico terrateniente que se trasladó a Roma para hacerse músico. Allí entró en contacto con artistas y algún incipiente fotógrafo. Fue desde París donde le llegaron las primeras lecciones y su primera cámara. Francia era el epicentro fotográfico gracias a que el Estado había realizado una política de desarrollo y de inversión, comprando y liberando las primeras patentes.

El fotógrafo Giuseppe Felici

El fotógrafo Giuseppe Felici

Los inicios de Guiseppe como fotógrafo responden a los patrones de la época: el paisaje. Es lo más fácil, porque el paisaje, salvo algún árbol, no se mueve. Las cámaras de la época necesitaban largas, larguísimas exposiciones. Y el paisaje era lo más quieto que se tenía. Además tenía una importante salida comercial: los paisajes pictóricos era carisísimos, y las fotografías, siendo un objeto de lujo, eran más accesibles. Además los fotógrafos se afanaban en copiar las proporciones y los estilos marcados por los pintores, en un claro sentimiento de inferioridad. Así que Felici montó su chiringuito de paisajes romanos y vaticanos hechos en placas de colidión.

Felici se mueve en los círculos de artistas, músicos y de algún que otro cardenal. Muchos pasan por su estudio, fundado en 1863 y aún en activo.  También trabaja como documentalista, fotografiando las distintas obras de renovación de la Ciudad Eterna. En 1888, ya con León XIII como sentado en la silla de San Pedro, organiza una suerte de exposición con motivo de su jubileo. El papa le nombró entonces “Fotógrafo papal”, teniendo acceso en exclusiva a la corte vaticana. Se dedicó a ello en cuerpo y alma, y orientó toda su actividad a El Vaticano. Curiosamente quien le nombra fotógrafo oficial y exclusivo de El Vaticano, León XIII, no se deja retratar. Consideraba a la pintura “superior y más benevolente en la presentación del ser humano”. No fue hasta 1901 cuando obtuvo la exclusividad y digamos que un contrato fijo.

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Retrato de sacerdote realizado por Felici

Hasta su muerte en 1923 Felici fue el único fotógrafo con acceso a la corte. Llegó a retratar hasta a un papa muerto, Pio X, documento inequívoco y muy propio de la época. Sus herederos mantuvieron esa exclusiva hasta 1978, cuando El Vaticano creó su propio equipo fotográfico.

Pio X en su muerte, agosto de 1914, en un retrato de Felici

Pio X en su muerte, agosto de 1914, en un retrato de Felici

Los Felici siguieron cerca de El Vaticano. Alberto, hijo del fundador, fue quien inmortalizó los tratos de Letrán que sellaban la paz entre Musolini y El Vaticano, definiendo las fronteras de la Santa Sede. El hijo de este fue quien realizó en 1931 la primera emisión de radio desde El Vaticano.

Hoy en día el estudio Felici sigue en pie. Ya no tienen ese privilegio de retratar en sesiones privadas al papa de turno. “Anteriormente, en tiempo de Juan Pablo II y antes, cuando todavía se utilizaban cámaras analógicas, hicimos retratos oficiales”, cuenta el bisnieto del fundador en una entrevista. “Entonces había que construir las condiciones de iluminación ideales para un retrato. Desde que usamos cámaras digitales, eso ha cambiado. Hoy tenemos el privilegio de tener muchas oportunidades de estar cerca del Santo Padre y es mucho más fácil conseguir un retrato improvisado. Con Benedicto XVI, no hemos hecho ningún posado, pero fotografiado en muchos retratos espontáneos”.

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