Guerra y Paz

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Moeh Atitar de la Fuente

Periodista, fotógrafo y blogger. Más sobre el autor.

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Txetxo Yoldi tiene memoria

Moeh Atitar de la Fuente - Tuesday 23 de September de 2014

Conocí primero a Txetxo Yoldi por su firma. Era una de esas firmas que se repetían en la páginas de ‘El País’, el periódico del que he sido lector siempre lector.

Solo he hecho una vez en mi vida una cobertura de un juicio: el de los atentados del 11-M, para 20 Minutos. Yo no tenía prácticamente ni idea de qué iba un juicio, y la idea general que tenía se remitía a las películas americanas. Me sirvió de ayuda la letrada (y además amiga) Paloma Llaneza, que me proporcionó el teléfono de Txetxo. “Para lo que quieras y necesites”, me dijo Txetxo en una breve llamada. “Ya nos veremos en la sala”, añadió. Hubo un silencio incómodo cuando le dije que lo iba a cubrir desde la redacción. Años después Txetxo no se acordaba de esa llamada.

Esta breve anécdota resume quién es Yoldi: un tipo que siempre está dispuesta a ayudar y nunca con la boca pequeña.

Hoy escribo de él porque estrena memorias periodísticas: Peor habría sido tener que trabajar, editado por libros.com . Las memorias se leen en 2.40, lo que dura un vuelo entre Madrid y Bruselas, sin levantar la vista, porque engancha. Se agradecen los capítulos someros, al grano, muy a su estilo, pero añadiendo sus expresiones y citas de otros, que tanto le gusta colar. Además es elegante, porque en su larga trayectoria no sale mal parado casi nadie, salvo los que salen mal parados por acción propia.

Yo he sido un privilegiado por ver trabajar a Yoldi de cerca en la redacción de ‘El País’. Los lunes no tenía que leer su columna en las hojas del periódico porque siempre tenía el privilegio de leerlas los jueves o los viernes, impresas en un Din-3 y precedido de un “¿a ver qué te parece la columna?”, dejándola sobre mi teclado. Tras su lectura se establecía un diálogo donde yo preguntaba sobre alguna cosa que deslizaba en el texto. “¡Pero por cómo no sabes eso! ¡Qué joven eres!”, me soltaba (y me sigue soltado). También le vi manejar la bomba de relojería que era el ‘Caso Divar’, del que da cuenta en las memorias en su capítulo final. Hoy me tengo que esperar, como todos, a que lo publique en su blog ‘El último recurso.

Txetxo Yoldi, retratado por un servidor.

Txetxo Yoldi, retratado por un servidor.

Por su culpa, además, me compré un Smart. Quería una moto. Le pregunté cual sería la idónea, porque es un motorista de primer nivel. “¿Has llevado alguna vez moto? ¿No? Pues entonces cómprate un Smart”, me soltó. Cuando unos meses más tarde me vio con el casco de la bici me vino a decir que no tenía remedio: “Si te dije que no te compraras una moto no era para que te subieras a una bici, que es muchísimo más peligroso”.

En resumen, compren y lean el libro. Les divertirá y les reconciliará con el oficio de periodista, tanto si son lectores como ejercientes.

No creo en los maestros, pero sí en los ejemplos. Para mí, Txetxo Yoldi es todo un ejemplo.

Queda pendiente que me diga qué moto me tengo comprar.

 

Newsha Tavakolian o el precio de ser libre

Moeh Atitar de la Fuente - Monday 22 de September de 2014

Cuando ves al día alrededor de 10.000 fotografías procedentes de agencias y de fotógrafos varios, además de bucear en foros buscando estimulo (fotográfico) visual, el umbral de que algo te sorprenda lo tienes muy alto. Por eso cuando chocas con la obra de un fotógrafo muy potente haces todo lo posible para no perderle la pista.

Mi primer contacto con el trabajo Newsha Tavakolian fue a raíz de la llamada ‘Revolución Verde’, en algún reportaje sobre jóvenes iraníes más que por sus propias fotos sobre el tema. Me quedé enganchado a su trabajo porque cumplía una función básica en el fotoperiodismo: acercar una realidad, la iraní, alejada de la nuestra, pero con la apariencia de no alterar esa realidad. O dicho de otro modo: autenticidad. Buceen por sus reportajes.

Hoy me he conectado a Facebook después de varios días sin hacerlo en el ordenador y me encuentro con la noticia de que ha renunciado a 50.000 euros que con el que le había premiado la Carmignac Gestion photojournalism, un premio concedido por la fundación del banquero francés Edouard Carmignac. Según explica la propia fotógrafo en un extenso comunicado colgado en su página de Facebook, la desavenencias comenzaron cuando el propio Carmignac quiso editar el trabajo de la fotógrafa y cambiarle hasta el título de todo el proyecto:

“Mi aceptación de los términos del premios de la Carmignac Gestion Foundation estaba basada en el entendimiento que tendría la plena libertad como fotógrafa para crear un trabajo que es fiel a mi visión como una fotoperiodista y fotógrafa artística establecida. Desafortunadamente, sin embargo, desde el momento que mandé mi trabajo, el señor Carmignac insistió en editar personalmente mis fotografías así como alterar los textos que acompañaban a mis fotografías. La interferencia del señor Carmignac en mi trabajo culminó en la elección totalmente inaceptable del título de mi trabajo que minaba mi proyecto irremediablemente.

La insistencia del señor Carmignac en aspectos esenciales de mi trabajo hubiera cambiado completamente la naturaleza de mi proyecto desde un sutil intento de llevar a través de las realidades de la vida de mi generación en Irán una visión estereotipada burda y horrible de Irán. Su insistencia en cambiar el nombre del proyecto de ‘Páginas en blanco de una álbum de fotos iraní’ al manido y cargante ‘La generación perdida’ era directamente inaceptable”

Los que pagan creen que mandan y creen que la libertad periodística-artísica tiene que pasar por su tamiz. Uno se queda anonadado cuando ve a todo un banquero metido a mecenas y queriendo cambiar los aspectos fundamentales de una obra no solo artística – siempre subjetiva – sino también periodística – menos subjetiva.

Newsha Tavakolian explica en el comunicado cómo le explicó en un correo al propio banquero las dificultades que tiene un fotoperiodista iraní como ella, que vive y trabaja en Irán, y que sabe hasta donde se la quiere jugar por decisión propia, pero no por decisión ajena. Este detalle fue usado por la fundación para explicar el rechazo del premio, diciendo que la fotógrafa y su familia había sido presionados por el Gobierno iraní. Tavakolian niega tal extremo en el comunicado: “Todas las presunciones en esta declaración son absolutamente falsas y risible. Yo no estoy de ninguna manera en peligro, no al menos más que otros periodistas que están en Irán.

Tavakolian es un ejemplo, en un momento donde es difícil encontrar gente que lo parezca. Ya lo es por la contundencia de su trabajo, que insisto en que se acerquen a verlo. Pero lo es, además, en la trastienda. Eso es ser independiente: mandar a la porra a un banquero y su dinero por tu libertad. Que cunda el ejemplo.

Platon fotografía a Snowden

Moeh Atitar de la Fuente - Thursday 14 de August de 2014

Platon es uno de los mejores retratistas de fotografía editorial actual. La revista Wired lo eligió para que firmara el reportaje y la portada sobre el fugitivo número de EEUU, el exagente de la NSA Edward Snowden, huido de su Gobierno y refugiado en Moscú.

La fotografía de portada ha levantado cierta polémica en EEUU: el exagente, para muchos un traidor, para otros muchos un héroe de la libertad de expresión, sale abrazando una bandera de su país, el símbolo que tanto les une. Allí el primer acierto del fotógrafo o/y de la revista, al no hacer solo un buen retrato, sino un retrato con mucho significado.

Portada de Wired

Portada de Wired, firmada por Platon.

El estilo de Platon, tan característico, deja marca en el retrato: el viñeteado es una de sus principales marcas, muy acentuada en esta ocasión. Para gustos colores, pero en mi opinión demasiado acentauda.

EL reportaje también incluye otras fotografías realizadas por Platon. Como podemos ver en el vídeo ‘making of’ de la sesión-entrevista, las fotografías del más reportaje (no del retrato) están tomadas con una Leica (no consigue acertar el cuerpo, podría ser una Leica M9, o la Leica M.Monocromo o otra de la serie M).

Platon fotografía a Snowden con una Leica.

Platon fotografía a Snowden con una Leica.

El tratamiento de la fotografía está muy bien logrado. Si no es analógico, lo parece, con un grano potente y uniforme.

Del vídeo también podemos sacar el esquema de luz que usa para el retrato, tan sencillo como eficaz: fondo blanco, un flash con paraguas en picado, y una ventana al techo para rebotar. Sencillo sí, pero además bien medido.

Esquema de luz de Platon durante al sesión a Snowden

Esquema de luz de Platon durante al sesión a Snowden

Si algo sabe hacer Platon (además de excelentes fotos) es contar la historia que envuelve a los retratos. Dicho en otras palabras: sabe venderse. Allí está la delicia de libro ‘Platon Republic’, con un apéndice donde cuenta la sesiones a personajes de primera magnitud con su puño y letra. Pero también está como contó la sesión a Putin (con los Beatles como estrategia para entrarle al presidente ruso) o a la líder opositora birmana, Aung San Suu Kyi, con supuesta persecución de la policía secreta birmana.

Los niños pixelados

Moeh Atitar de la Fuente - Thursday 14 de August de 2014

La ley en España en relación a la protección de menores es bastante restrictiva: casi no deja lugar a los medios de comunicación a publicar las fotografías de menores si se les puede identificar. Incluso si se tiene  el consentimiento del tutor legal, la Fiscalía puede entrar de oficio si se considera menoscabado el honor del menor. Y hay un miedo instalado a publicar la foto de un niño. Fíjense en la vuelta al cole, en esas noticias en los periódicos, y casi siempre verán a los menores, de espaldas, entrando de la mano de uno de sus padres hacia su centro educativo, mochila arrastras. Todo menos sacarle la cara. Ya ven, en algo tan inocente y tan de niños como ir al cole.

Luego está la coherencia. Si un medio decide  pixelar la cara de los menores, lo debe hacer en todos los casos donde no obre el consentimiento.

Empecemos por un caso de ayer mismo. Una niña llega en una embarcación de plástico a Tarifa.  Llega sin padres, según relato de sus compañeros de travesía. La apodaron ‘Princesa’, para hacer más redonda la historia.  La foto ha recorrido las redes sociales y los medios de comunicación.  Nadie la ha pixelado, ni siquiera en los perfiles de organizaciones de prestigio. No había consentimiento alguno, como marca la ley.  Se podrá argumentar que alguien en su familia la podría reconocer. Un servicio público. A mi me parece un argumento aceptable, pero endeble: los padres de la criatura sabrán que su hija ha llegado con pixeles y sin pixeles mediante.

En ‘El País’ leo la historia de la familia del senegalés Mboca, que consiguieron llegar ayer a Tarifa. La pequeña, de 13 meses, sale sonriente y sin pixelar.  No me llamaría la atención si en ese mismo periódico no hubiera leído el periplo de los dos parejas españolas que han ido a adoptar a Etiopía y se han encontrado con todo tipo de trabas para traerse a los niños asignados. Allí sí, allí el menor sale con la cara pixelada. ¿Unos sí y otros no? ¿Unos han consentido y otros no? Puede, pero también solo puede ser una falta de criterio, como en esta fotogalería de hace unos días, donde el pixel viene dado de agencias y a correr.

No es un debate fácil. A veces hasta caemos en la psicosis del pixel para proteger la imagen de menores. Pero es un debate que está constreñido por lo que dice la ley.

PS: Una anécdota: Hace unos años desapareció una menor. La familia distribuyó la fotografía, que los medios, en un afán legítimo decidieron reproducir. Servicio público, lo llaman. La menor apareció un par de días después. Se había fugado con un tipo mayor de edad. Recuerdo cómo un subdirector me llamó a su despacho: “Quita todas la fotos de la menor y ni pixeles ni hostias”, me dijo, para luego dirigirse a la redactora: “En la noticia decimos que la menor ha aparecido, que está sana y con sus padres. Nada más.”. Es un tipo con criterio.

(*) Los comentarios están cerrados por cuestiones técnicas. Podéis comentar en mi twitter @guerraypaz. Disculpad las molestias.

Un olivo y fotos con pocas ganas de paz

Moeh Atitar de la Fuente - Monday 9 de June de 2014

Me ha llamado la atención que los tres medios de referencia en España hayan tirado los tres por la misma escena del acto celebrado hoy en El Vaticano, donde el papa Francisco ha sido el anfitrión para un encuentro entre Abbas, líder de la Autoridad Nacional Palestina, y Simon Peres, presidente de Israel.

foto1

foto2

foto3

Por curiosidad (y/o defecto profesional) me he puesto a buscar fotos que ha servido por ejemplo Getty Images. Yo hubiera optado por otros momentos:

 

Estos son solos dos ejemplos donde con otras fotos se podía haber contado otra cosa. La elección de la fotografía en una noticia es tan editorializante como un titular. En las fotos publicados vemos a tres personas ancianas con cara de aburrimiento y con gesto de ‘esto no sirve para nada’. Mientras que en las dos fotos de Getty vemos hasta un acercamiento. Es la opción que ha elegido el NYT:

fotopapa

Historia de una fotografía: Taxi al infierno

Moeh Atitar de la Fuente - Friday 6 de June de 2014

Amanecer del 6 de junio de 1944. Soldados estadounidenses de la Compañía E, de la 16º DE infantería, perteneciente a la Primera División de Infantería, desembarcan en la playa de Omaha, Normandía. Empezaba la ofensiva terrestre de los aliados contra las tropas nazis. El suboficial de los Guarda Costas, el jefe de fotografía Robert F. Sargent, toma con su cámara imágenes del desembarco. El cuerpo de Guarda Costas de EEUU tuvo el papel crucial de conducir los buques anfibios desde los buques donde embarcaban los soldados, fondeados a unas millas de la costa, hasta la misma playa.

La fotografía.  Se ha hablado mucho de las 8 fotografías del desembarco de Robert Capa que sobrevivieron al mal hacer de un becario que las reveló mal [en la página de la agencia Mangum se puede ver una selección de las fotos de Capa en Normandia] . Pero pocas veces se menciona a Robert F. Sargent. El mismo Capa  le menciona con cierto desdén propio de su ego en sus deliciosas memorias sobre la II GM: “[Al llegar de vuelta a Wetmouth, Inglaterra] supe que el otro fotógrafo asignado a Omaha beach había vuelto hacía dos horas y que no pisó la playa: ni siquiera llegó a dejar el buque. Y ya iba camino de Londres con su impresionante triunfo”.

Los dos Robert había compartido el buque U.S.S Chase. Era lógico que el Robert F. Sargent corriera hasta Londres para hacer llegar las fotos del desembarco: la propaganda de guerra de los aliados requería fotos de la gesta.

Taxis to Hell – and Back – Into the Jaws of Death

Taxis to Hell – and Back – Into the Jaws of Death

 

Robert F.Sargent titulo la fotografía: “Las fauces de la muerte”. En el pie original se puede leer: “Invasores americanos corren por la rampa de una barcaza de desembarco de la Guarda Costera para vadear las últimas peligrosas yardas de la playa de Normandía. El fuego enemigo derribará a algunos de ellos. Su ‘taxi’ se alejará de la arena para volver a traer más pasajeros del buque de transporte de los Guarda Costas”.

El fotógrafo. Nada, salvo estas fotos, se sabe de Robert F. Sargent. Ni de antes ni de después del Día-D. Es extraño, en una sociedad como la estadounidense que rebusca en su historia reciente, no haya (o yo al menos o he encontrado) ningún rastro de este protagonista y notario directo de un momento histórico.

 

Heridos

Un soldado desembarca en el USS Chase, tras haber sido herido en la playa de Omaha.

 

Para mí, más allá de la historia, esta fotografía tiene un valor especial por esta portada. Cosa de editores gráficos.

Babelia

Fotografías para una abdicación

Moeh Atitar de la Fuente - Tuesday 3 de June de 2014

Un rey suele abdicar una sola vez en su vida. Por eso lo vivido ayer fue un hecho histórico y periodístico sin precedentes. Pero es un hecho controlado, y por tanto podía haber sido algo mejor escenificado, al menos desde el punto de vista fotográfico.

Esta fue la secuencia, en tres fotos, que publicó la Casa Real, a través de su cuenta en Twitter y de su página web:

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El rey Juan Carlos abdica la corona

El rey Juan Carlos abdica la corona

 

El rey Juan Carlos abdica la corona

El rey Juan Carlos abdica la corona

El despacho del rey debe de ser uno de los lugares más difícil para sacar una foto decente, porque está todo cubierto de madera barnizada con un brillo que rebota cualquier luz artificial . El autor de la foto ha optado por tirar con un flash, sin rebotarlo al techo ¿Cómo saberlo? En la segunda foto, sobre la columna, se ve claramente el destello.

Las fotos son técnicamente muy malas. Los gestos, tanto del rey Juan Carlos como del presidente Rajoy, son más que mejorables. Parece que el fotógrafo solo tuvo la opción de captar el momento tal cual sucedió. Y optó por la solución del flash, sin medir la luz y me jugaría 300 maravedis que con la opción automática de TTL. Con ello se garantizó que no se le escapará la instantánea, seguramente tras haber tirado ráfagas y ráfagas.

Hubo un tiempo en el que los monarcas se rodeaban de los mejores artistas. Repasen la lista de pintores de la corte. Hoy la fotografía en la Casa Real es, sencillamente, vapuleada. Ayer era un día histórico, que hubiera requerido imágenes históricas y bien hechas, y no esta improvisación.

Las fotos del discurso siguen esa línea de desastre técnico. La iluminación, realizada para el vídeo, es directamente nefasta, con un viñeteado sobre el monarca que no tiene ningún sentido:

 

Discurso del rey Juan Carlos.

Discurso del rey Juan Carlos.

Y esa improvisación se ve latente en todas las fotos que  hace la propia Casa Real. El día del aniversario de los príncipes de Asturias, la cuenta de la Casa Real en Twitter hacía públicas estas dos fotos:

 

Las fotos hablan por sí solas. Son malas, improvisadas y mal editadas. Da la impresión de que cualquiera, sin el mínimo conocimiento básico de fotografía, haya cogido la cámara y se haya marcado unas fotos. Y no son posados que se hacen ante miles de fotógrafos, sino uno, de la Casa, con lo cual los príncipes de Asturias y las infantas podían haber posado y habérselo tomado con cierta calma. Cuando ves la fotos que se hacen desde la Casa Real te da la impresión de que no les interesa, de que tienen mucha prisa y que todo está improvisado y sin control.

La prensa fue ayer y hoy la primera perjudicada porque el material fotográfico era malísimo. Solo hay que ver las ediciones especiales, con las fotos antes citadas. Pero añadamos que ninguna portada arriesgó, en cuanto a diseño, lo más mínimo. Dentro de 30 años nadie se acordará de estas portadas. Sirva como ejemplo estas dos portadas de hoy, de El País y El Mundo:

El País opta por una foto del día, de Juanjo Martín servida por EFE, y la coloca a cinco columnas. Es una foto bastante mala, con un verde de fondo que la mata y donde el rey Juan Carlos no es que salga muy favorecido. Mientras, El Mundo , opta por la fotografía facilona y obvia, también firmada por Juanjo Martín. El rey se va: lo sacamos tomando la puerta.

[ver nota al final del artículo sobre un párrafo suprimido]

En la edición gráfica, no siempre las fotos del día son las mejores. Por eso fue más acertada la elección de ABC o de La Vanguardia: 

 


La Casa Real es consciente de que se abre un nuevo tiempo de cambio, donde la comunicación va a ser fundamental. La fotografía, la imagen, es un punto clave. Se trata de encontrar el equilibrio entre la naturalidad y la justa exposición de los nuevos monarcas. Y sobre todo tratar la imagen, la fotografía, con profesionalidad e intencionalidad en las fotografías producidas y controladas desde la Casa Real. Y últimamente esto no ha sucedido.

Pero también es fundamental abrir, en este nuevo tiempo, el acceso a los profesionales de la fotografía que trabajan para agencias y periódicos, creando un ambiente propicio para hacer buenas fotografías, sin miedo a que te saquen una mala foto. Porque al final, cuantas más fotos dejes hacer, más probabilidad tienes de proyectarte en los medios. Si optaran por dar solo sus fotos, o las de EFE, desde su cuenta de Twitter o de Flickr (sangrante que aún no tengan uno abierto) o a través de su web, solo perpetuaríamos el mismo error. No solo el medio es el mensaje.

Podrían empezar por pasearse por los archivos de Getty Images, y ver las primeras fotos publicadas del futuro Felipe VI, hechas por fotógrafos profesionales a los que se les daba un mayor acceso que ahora. Salían fotos como esta ¿A qué no está mal?

 

Esperemos que el cambio en La Zarzuela también llegue a su fotografía. Porque su futuro dependerá de la imagen que proyecten.

Fe de errores: en una primera versión de este post sostenía que La Casa Real había optado por dejar entrar en la recepción de la tarde solo a un fotógrafo de EFE. Gracias a un comentario de Antonio Villareal, pude comprobar que realmente no fue así, y esta vez se dejó entrar a más fotógrafos que a los de la agencia EFE. Si que mantengo que es un error apostar por un pool solo de EFE, o de tu propio fotógrafo, porque te juegas la visión de un acto, de una situación, a una sola mirada. Soy poco partidario de los pool, pero cuando son necesarios tienen que ser abiertos a más de un fotógrafo, para garantizarte una variedad interpretativa de lo fotografiado.

Decálogo para una final

Moeh Atitar de la Fuente - Saturday 24 de May de 2014

1.- El Real Madrid es favorito. Empezamos así. Tienen mejor plantilla y unas ganas tremendas. Pero a ganas es a lo único que empatamos.

2.- Quiero que gane el Atlético de Madrid. Mi sentimiento colchonero es indiscutible:

Yo tengo el mismo número de glóbulos rojos que de blancos, soy fan de los colchones a rayas y en las pelis de vaqueros voy siempre con los indios.

3.- Disfrutaré del partido. Es curioso, no tengo la inquietud esa que me acompañaba el sábado pasado cuando nos jugábamos la Liga, que por cierto, ganamos. “Disfrutar sí, pero siempre, ganar”.

4.- Llegar hasta una final de la Champions es ya un gran éxito para el Atlético de Madrid.

5.- Pero eso suena a tirita. No. Hay que ganar. Ganar, ganar  y volver a ganar, don Luis. Porque a estas llegamos cada 40 años.

6.- La décima copa de Europa llegará a Madrid. Por eso ya me alegro y lo celebraré.

7.- De perder, me alegraré mucho por mis amigos madridistas, que alguno bueno tengo, porque tengo el defecto de no preguntar de qué equipo es la gente hasta muy tarde.

8.- Prometo ser un caballero en la victoria y desde luego no pienso llorar en la derrota. Y espero lo mismo. Llámenme iluso.

9.- Soy cholista. No sé si ilustrado. Pero cholista.

 

10.- En cuanto al resultado, el que sea, espero que no sea humillante para ninguno de los dos equipos. Que sea todo muy duro y competitivo. No me importaría llegar hasta los penaltis.

11. Y que gane el mejor, y que gane mi equipo: El Atlético de Madrid.

Crímenes de Von Schirach

Moeh Atitar de la Fuente - Thursday 17 de April de 2014

Puedes ahorrarte leer todo esto que sigue. Son solo palabrejas para recomendarte que leas ‘Crimenes’ de Ferndinand von Schirach.

-.- 

La novela negra nos invade; también lo hace también la novela erótica de dudosa calidad literario; nos lo deberíamos de hacer mirar. O no.

Si quieres dedicarte a la literatura tienes que escribir una novela negra. De policías, ladrones y/o criminales. Vale también las de espías, como lector, mis preferidas. El protagonista puede ser un periodista veterano. Allí está el difunto Stieg Larsson y su trilogía Millenium. El modelo lo han perpetuado muchos otros. Es importante meter a un joven que sepa de ordenadores y que sea el contrapunto del veterano, que todo lo sabe, salvo buscar el Google, cómo si eso fuera lo complicado. Algunos parecen que cargan no solo su frustración personal del trabajo inútil de oficina en la que se ha ido convirtiendo el periodismo, sino también el de sus compañeros dedicados enteramente al tema de sucesos. No explican en sus novelas que gran parte del trabajo proviene de chivatazos de policías, porque normalmente los criminales, terroristas y los malos en general no tienen gabinetes de prensa ni ‘community manager’. La policía sí. En la mayoría de los casos no hay detrás investigación periodística alguna. Solo repiten los que les han dicho y parece verosímil. “Fuentes cercanas al caso aseguran” y a correr. No todos, pero sí muchos. En la novela negra protagonizada por periodistas tiene que triunfar la verdad que un poderoso quiere ocultar. David contra Goliat, pero con teclado y solo en la ficción.

-.-

Llegué a ‘Crímenes’ de Ferndinand von Schirach a través de Eduardo Gómez Cuadrado. No conocía a este abogado hasta que alguien retuiteó este artículo de Vice: “No declares en comisaría“, una máxima que me parecía obvia, pero que al parecer  muchos desconocen. Si te detienen, amablemente, diles que ya declaras lo que sea ante el juez. Gómez Cuadrado recomendaba en su twitter la lectura de ‘Crímenes’. Me interesó la perspectiva: un abogado penalista contando casos de su carrera, a modo de relatos cortos. Llegué a este recopilatorio de citas, y en concreto a esta:

Los abogados, en cambio, tratan de buscar una brecha en el edificio de pruebas erigido por la acusación pública. Sus aliados son el azar y la casualidad; su misión, impedir que arraigue prematuramente una verdad sólo aparente. Un agente de policía le dijo una vez a un magistrado de la Corte Federal que los defensores no son más que frenos en el coche de la Justicia. El juez respondió que un coche sin frenos no sirve para nada. Un proceso penal funciona solamente en el marco de este juego de fuerzas.

No volví a acordarme de Crímenes hasta unos días más tarde cuando acompañé a un gran amigo, abogado laboralista, situado más bien en el lado de la empresa, a comprar un libro de legislación sobre el despido, a una de las librerías que hay detrás del Supremo. Y allí estaba Crímenes, nada más entrar, en la única estantería que no era de leyes puras y duras, y que estaba repleta de libros para la distracción de los juristas entre tanto texto plomizo y objetivo. Mi amigo, entusiasmado con que fuera a leer algo sobre abogados, decidió regalármelo.

Me leí el libro en una mañana. Cada capítulo es un caso concreto en la que el abogado solo se limita a contar, sin casi adjetivos, algo que se agradece entre tanta metáfora que inunda los periódicos. Tampoco aparece ni un solo periodista. Sin metáforas ni periodistas en busca de la verdad.  Una máxima, que arranca desde el prólogo, recorre toda la obra: “La mayoría de los cosas son complicadas, y la culpabilidad es siempre un asunto peliagudo”. Cada final te deja mal cuerpo.

Le transmití a mi amigo el entusiasmo que me había causado el libro. “¿Por qué no te hiciste penalista?”, le pregunté.  ”Demasiado duro. Demasiado duro.”, me respondió.

A la República se va con chófer

Moeh Atitar de la Fuente - Monday 14 de April de 2014

Fueron muchos los hombres protagonistas de aquellas primeras horas decisivas tras la victoria republicana en las elecciones municipales, el 14 de abril de 1931. Pero quizá fue Miguel Maura, hijo del político conservador y monárquico Antonio Maura, quien más se metió en el papel de protagonista de la Historia. Miguel Maura, tras la dictadura de Primo de Rivera, había comenzado a distanciarse de la Monarquía y girado claramente hacia la República, sin desde luego abandonar su posicionamiento conservador. Formó parte del Gobierno provisional. Y este es su relato de cómo, ‘un señorito chulo’, como le definió Azaña, en un coche con chófer, acompañado de Largo Caballero, hizo los traspasos de poder de la Monarquía a la República por teléfono, en tres horas y “sin incidente alguno” en toda España:

Serían las seis cuando, convencido de la inutilidad de mis esfuerzos para convencer a mis compañeros de la urgencia de tomar el poder por nuestra propia cuenta aquella misma tarde, salí de la biblioteca y, atravesando el vestíbulo, subí los primeros peldaños de la escalera. Desde allí, dirigiéndome al público que llenaba la planta baja, pregunte en medio de un silencio absoluto:

- ¿Estáis dispuestos a venir conmigo a ocupar el Ministerio de la Gobernación?

El griterío fue tal que mis compañeros salieron precipitadamente de la biblioteca y… ya no pudieron volver a ella, arrastrados por la riada humana tras de mí y de los que conmigo salían a la calle, en busca de los coches.

Cogí del brazo a Largo Caballero, que era el único que había asistido a mi propuesta durante la discusión, y subimos a mi coche. Guiaba mi mecánico, Antonio Milla. A su lado se había sentado un ciudadano (para mí entonces) totalmente desconocido (que resultó ser su luego gran amigo Arturo Soria Espinosa ‘El Terremoto’, uno de los líderes estudiantiles de la época de la Dictadura). Detrás íbamos Largo Caballero y yo. No  me ocupé para nada de los que les ocurría a los demás, y como mi coche estaba en el zaguán interior del jardín, cuando salimos a la calle todavía andaban mis compañeros en busca de los vehículos necesarios. Ganamos con eso algo de tiempo, porque el peligro de quedar embotellados, si nos reconocían las muchedumbres que poblaban las calles a esa hora, era serio.

Sin dificultad, y gracias a ese detalle, llegamos cerca de la Cibeles. A partir de allí nos fue forzoso ir muy despacio, porque la calzada estaba repleta de gentes. Pronto nos reconocieron, y entonces empezó nuestro calvario. Tardamos cerca de dos horas en recorrer el trayecto de la calle Alcála que une al Plaza de la Cibeles con la Puerta del Sol, o sea poco más de un kilómetro. El gentío nos abría camino a fuerza de empujones y apreturas, pero a la vez se subían a los estribos y las aletas de mi coche, en forma tal que cerraban materialmente las ventanillas y dentro nos asfixiábamos. Hube de propinar, lamentándolo, sendos puñetazos en los estómagos de los que cubrían las ventanas, para poder respirar.

En la Puerta del Sol, la aglomeración desbordaba ya toda la medida imaginable (ver foto de Alfonso Sánchez). Las farolas, los tranvías, parados en medio de la Plaza, los balcones y los tejados eran ocupados por innumerables racimos humanos. El griterío ensordecía.
Los coches que conducían a mis compañeros tardaron aún en aparecer por la entrada de la Puerta del Sol que da a la calle Alcalá.

Según luego supe, Azaña, que venía con Casares Quiroga en uno de los últimos, iba refunfuñando malhumarado, diciendo que seríamos ametrallados por la Guardia Civil, que aquello era una locura y llamándome ‘señorito chulo‘.
Por fin, llegó mi coche ante la puerta principal del Ministerio. La puerta estaba cerrada.

En el balcón principal, con gran asombro mío, ondeó de pronto la bandera republicana. Eran Rafael Sánchez Guerra y el que iba a ser mi subsecretario Manuel Ossorio Florit, que habían entrado poco antes por una puerta de la calle Pontejos y, al ver que llegábamos, se apresuraron a izar la bandera. Ante la puerta cerrada sólo estábamos Largo Caballero y yo, rodeados, claro es, de una masa vociferante que pedía que abriesen las puertas.

De pronto, se abrieron estas de par en par, y apareció en el zaguán un piquete de la Guardia Civil cerrando el paso. Me cuadré delante de ellos, me descubrí y les dije:

- ¡Señores: Paso al Gobierno de la República! Los soldados, como si lo hubiesen ensayado previamente, abrieron el paso y, en dos filas, una a cada lado, prestaron armas.

Pasamos, saludando Largo Caballero y yo. Al llegar a la escalera principal, subí las escaleras de tres en tres, y fui directamente al despacho del ministro, que conocía bien de antaño. Allí me encontré con Mariano Marfil, amigo de siempre, y, repito, persona más que excelente. No había abandonado su puesto en los tres días transcurridos desde las elecciones, y noche y día había estado al pie del cañón, cumpliendo sus deberes. Me dirigí a él y le dije:

- Amigo Marfil: Aquí está usted de más desde este momento.
Me hago cargo perfectamente de ello y ahora mismo me marcho – y, en efecto, desapareció-.

Hubo de salir por la puerta trasera del edificio, porque las demás estaban abarrotadas de público.

Me arrepentí luego, y me he arrepentido varias veces más tarde, de la descortesía un tanto brutal con que traté en aquella ocasión a quien tanto respeto merecía por su conducta, y a quien tanto estimaba. Meses después, en extensa y cordial conversación con él en mi casa, solicité y obtuve su perdón, y reanudamos nuestra añeja amistad brevemente interrumpida.

Este fue, querido lector, el ceremonial del famoso ‘traspaso de poderes’ que nos habían anunciado los de la acera de enfrente, y que había provocado casi una batallas en el seno nuestro Gobierno Provisional. Diez palabras de cada lado bastaron, y en realidad sobraron, para tomar las riendas de un poder que yacía en el arroyo.

Tomé en el acto el teléfono, y ordené a la central del Ministerio que me fuera dando las provincias según fueran ellas saliendo. Los demás ministros, que iban llegando con infinitos apuros al Ministerio, se reunieron en el despacho del subsecretario.
En el acto empezó a sonar el teléfono. Uno a uno los gobernadores se ponían al aparato y el diálogo se repetía.

- ¿Quién está al aparato? – preguntaba yo imperiosamente-.
- Aquí el gobernador – contestaba una voz más o menos serena, según el grado de información del interfecto -.
- ¿El gobernador de la Monarquía? ¿No es eso?
- ¡Claro que sí! – decían unos, muy seguros de su prepotencia: otros, en cambio, vacilantes y como atontados –
- Aquí el ministro de la Gobernación de la República. Ahora mismo entrega usted el mando al presidente del Comité Republicano, y, en su defecto, al presidente de la Audiencia. Le advierto que le hago responsable personalmente de la menor resistencia y de cualquier demora en cumplir esta orden. ¿Estamos?

A veces, el diálogo seguía con preguntas atolondradas, o con vacilaciones más que explicables en quienes se veían, de pronto, no sólo destituidos, sino entregados inermes a las masas enemiga. Sólo uno, el de Huelva, pareció resistirse. La rociada que recibió de mí, que no fue menguada, bastó para calmarle. El cambio de autoridades de todas las provincias se hizo en menos de tres horas, por teléfono y sin el menor incidente en parte alguna de España. No hubo un solo herido, ni los gobernadores sufrieron el menor vejamen por parte de los republicanos.